
Hoy se habla en agricultura sin labranza > la FAO la denomina agricultura de conservación o labranza cero porque trae beneficios a la agricultura, al medioambiente y al agricultor. En verdad, se trata de un conjunto de prácticas agronómicas adaptadas a las condiciones locales y a las exigencias del cultivo y manejo del suelo a fin de evitar la erosión/degradación y mejorar la biodiversidad, así como para usar debidamente los recursos de agua > menor escorrentía, y de aire > reducción de CO2 lanzado a la atmósfera. La agricultura sin labranza o siembra directa se practica en cultivos anuales cuando, al menos 30% de la superficie, se encuentra protegida por restos vegetales del cultivo anterior y la siembra se hace con máquinas habilitadas. Realmente, en la lucha contra la erosión importa mantener el suelo cubierto con los restos de la cosecha anterior y sus sistemas radiculares a fin de minimizar el impacto de la lluvia. La siembra directa y el laboreo de conservación reducen la erosión/degradación en cerca de 90% y 60%, respectivamente, en comparación con el laboreo convencional.
Importa, por lo tanto, evaluar los pros y los contras:

A favor de la agricultura: mayor retención de carbono en la materia orgánica acumulada en los suelos; menor lixiviación de nutrientes y sustancias químicas de los suelos; ausencia de erosión y menor contaminación del agua; menor utilización de combustibles y mano de obra; reabastecimiento de los acuíferos freáticos gracias a una mejor infiltración;
A favor del medioambiente: la corriente de los ríos y sus tributarios es más constante, y se restablecen los pozos secos; el agua es mas limpia debido a la menor erosión; hay menos inundaciones y situaciones meteorológicas extremas; se refuerza la seguridad alimenticia;
Empero, contra este tipo de cultivo se apuntan algunos inconvenientes: dificulta la fijación del nitrógeno – habrá necesidad de utilizar abonos nitrogenados -, y el calentamiento del suelo retrasando la germinación; no destruye la maleza ni las malas hierbas, señalando el uso de más herbicidas; aumenta la humedad y, consecuentemente, nuevas plagas, de animales y hongos; una maquinaria más cara y especializada; y el aprendizaje de nuevas técnicas y mano de obra especialmente capacitada para ese desempeño.
Para muchos entendidos, la solución está en la rotación de cultivos, pues disminuye el uso de herbicidas y evita la aplicación de abonos nitrogenados más caros. La técnica plausible sería el empleo de la agricultura biológica o ecológica, aunque existe un informe de la Agencia de Estándares Nutricionales (RU): de 160 estudios con alimentos ecológicos se concluyó que no son ni mejores ni perores que los tradicionales desde el punto de vista nutricional. Si bien el informe no analize los plaguicidas y fertilizantes, así como el sabor de aquellos alimentos. También queda en el aire la plaga de los topillos debido a la no quema de rastrojos, a la mayor extensión de los cultivos de regadío, a inviernos sin heladas y al uso de la agricultura sin labranza en áreas de cereal. La tendencia actual en España y Europa es limitar el uso y desarrollo de organismos modificados genéticamente, en general cultivos de alimentos.
De todos los modos, es necesario llevar en cuenta los siguientes principios: la contribución del sector agropecuario en nuestras comarcas y pueblos ha sido y sigue siendo muy importante, aunque contribuya también al deterioro de los recursos naturales. Durante muchos años, la labranza convencional ha sido y es muy utilizada en la producción de cultivos, pero es un método que provoca efectos negativos de grande monta ej.: aumenta la erosión, disminuye el material orgánico, altera las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, aumenta considerablemente los combustibles y la mano de obra etc. Por lo tanto, para alcanzar los objetivos de producción y conservación de los recursos naturales en nuestros pueblos será preciso usar racionalmente los plaguicidas evitando el riesgo de intoxicación y contaminación ambiental, y utilizar técnicas que minoren la degradación y erosión del campo. Últimamente se habla bastante en desarrollo y agricultura sostenibles. Sin embargo, para que ellos sean benéficos deberán ser técnica y económicamente organizados, socialmente justos, y ecológicamente equilibrados, como dice Arauz (1996). Se recomienda, según los entendidos, la implementación de prácticas agrícolas como uso de semillas de calidad, buenas siembras y densidades adecuadas, rotación de variedades y de cultivos, criterios técnicos (de suelo y foliares), muestreo continuo de plagas y enfermedades y, principalmente, aplicación, dosificación y uso de plaguicidas recomendados en cada localidad cuando se trata de pueblos como el nuestro. Así, la tecnología de producción en granos básicos deberá hacerse mediante la no mecanización del terreno de siembra (> mínima labranza) y la labranza de conservación (> siembra directa). Es una recomendación de personas que lidian con el campo. No sé si esto se hace en Prádanos, porque yo me desligué del pueblo aún muy jovencito. Pero como los tiempos son otros, es bien posible que la agricultura local y técnicas modernas estén vigorando en este momento. No lo sé y no puedo afirmarlo…





Antiguamente, tal vez existiesen profesionales no bien determinados en su oficio: de ahí las coplas que los niños repetían hasta la saciedad. Esta se tornó famosa en el subconsciente popular: el buen zapatero para no pecar/ el lunes no ha de trabajar; / el martes para descansar; /el miércoles para reposar. / El jueves afila las cuchillas; / el viernes moja el cuero; / el sábado ablanda el taburete. Y el domingo trabajaría, / pero no es día de trabajo. En verdad, los zapateros no eran bien vistos por sus paisanos, tal vez porque lidiaban con zapatos o calzados, piezas universales que pisan en lugares sucios y ellos mismos transpiran el mal olor de los pies. Pero es una profesión como otra cualquier. Y muy utilitaria bajo todos los aspectos en la economía popular. Hoy se ven pocos zapateros en sus oficinas o talleres. Realmente, el zapatero de Prádanos, en mi tiempo de infancia, no era de los más limpios y organizados. Pero no le faltaba trabajo: los entrepaños y estantes estaban siempre llenos. Me llamaba bastante la atención una máquina vieja, con la pintura corroída por el tiempo de uso o desuso. La profesión de zapatero aún continua siendo un trabajo diferenciado y en mejores circunstanciases de antaño - un oficio de los más importantes de la historia humana.



Hoy en día existen igualmente cambios de sistema > variando el tamaño de los pines, se muda el sistema de llaves y con eso sólo llaves nuevas abrirán el sistema. Ocurren o se hacen copias en máquinas duplicadoras a través de una muestra ya existente. En el Prádanos de mi infancia las llaves eran grandes y gruesas, bien diferentes de las actuales y sus sistemas sofisticados ultramodernos y de ingeniería refinada. A veces ni los cofres del erario público están tan seguros, pero actualmente toda esa parafernalia no nos libra de asaltos, robos y muertes. El cerrajero actual es más un profesional comprometido con la alta tecnología, porque los sistemas de cierres son electrónicos y altamente sofisticados. Curiosamente, los cerrajeros eran considerados ‘herreros’ porque trabajaban con metales. La invención de las cerraduras es atribuida a los chinos y egipcios, después utilizada por asirios, griegos y romanos. Linus Yale Jr. desarrolló la cerradura de combinación moderna (1962), base de nuestras cerraduras actuales.

Actualmente, existen centros donde se reúnen los artesanos del lugar y allí realizan sus trabajos durante horas en régimen cooperativo. En estos lugares, es tradicional observar como los manojos de fibras son agrupados, como se hacen los cortes del cuchillo, los gruñidos del mimbre cuando es estirado, las órdenes y recomendaciones del maestro, el entrechoque de las fibras en cuanto los tejedores manejan los mimbres y, sobre todo, la diferencia entre la técnica refinada del maestro y los aprendices o asistentes del taller. En una calle cualquier de alguna ciudad palentina hace unos cincuenta años había unos cuarenta cesteros; hoy son apenas tres. De ahí la copla del cantar: somos pobres cesteros/ cestos que producir; / pobrecillos de nosotros/ que un día vamos morir. Como de todas las profesiones, también del cestero se hicieron dichos, refranes, adivinanzas, hasta cantares o cantigas donde los protagonistas son precisamente los tejedores de mimbres. Existe una anécdota según la cual en muchos lugares la llegada del cestero era anunciada a través del grito característico y tradicional: ¡Se hacen cestas! Y los niños respondían: ¡También burros y bestias! Existen dichos populares como estos: ‘dos mujeres y una cesta, hacen buena fiesta.’ O este otro refrán: una vieja y un cesto, todo acabó en esto. Como adivinas se tornaron populares estos tres versos: tengo, tengo en mi regazo un ingenio, / de él como, de él bebo/ y de él pago a quien debo’
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El propio nombre ebanista > derivado de ébano [árbol de color negro,] muestra el carácter más decorativo que utilitario de las obras ejecutados por este profesional y especialista en montar bronces, esculpir sobre madera, decorar, barnizar muebles en general o cómodas, consolas, escritorios, mesas de despacho etc. en particular. En realidad, el ebanista desarrolla su trabajo en diversas etapas, identificadas como elegir el modelo y tipo de madera, aserrar y soldar las partes y, por fin, realizar el ensamblaje, decorado y montaje. El ebanista se especializó en restaurar muebles antiguos y, por eso, se exige de él un conocimiento perfecto de estilos y técnicas de restauración específica de acuerdo con la carta del restaurador, instituida en Francia (siglo XVII). Con todo, la restauración no debe confundirse con la conservación, utilizada en museos donde se hace un estudio histórico y arqueológico de los muebles para mantenerlos en su ‘mínimo vital’, o sea, sin camuflar las adiciones y retirando el mínimo de materia para no encubrir los rastros del tiempo.

Los carpinteros son también verdaderos artesanos porque recrean piezas de maderas con las cuales se fabrican muebles rústicos, y hasta trabajos con mayor elegancia, como puertas, ventanas y demás objetos para el hogar. Existen propiedades o fincas donde encontramos portones inmensos tallados en madera, con arreglos de flores o animales. Hay también recámaras con cabeceras hermosas y refinadas, salas y comedores con decoraciones preciosas, incluso pisos hechos de madera barnizada. Hasta en baños de sauna, los carpinteros han hecho verdaderas maravillas en el arte de la transformación. Hoy, tanto el carpintero cuanto la carpintería han evolucionado mucho: existen máquinas de control de calidad, sierras computadorizadas, máquinas pegacantos automáticas etc. El mercado se ha segmentado de tal forma que actualmente existe una gama de especialidades como torno, talla, gabinetes, molduras, mueblería, estructuras arquitectónicas, carpintería exterior ej.: cercas, patios, fachadas etc. Así los servicios del carpintero se tornaron especializados, como el techero, el gabinetero…
Aún en nuestros días se divisa un aire romántico permisivo en relación al carpintero: ‘te lo ruego, carpintero, / cuando construyas su casa/ no pongas marco en su puerta, / ni postigo en su ventana, / pues quisiera entrar de noche/ cuando la luna se agranda/ y contemplar sus cabellos, / revueltos en la almohada… Si tienes manos de plata/ tendrás un corazón de oro/ y atenderás a mi demanda./ Te lo ruego carpintero. (cf. Bonet de San Pedro – Carpintero, carpintero). César de Rainville subraya la diferencia entre carpintero y ebanista: la ebanistería es la parte más importantes en la construcción de una casa. Su arte consiste en rejuntar las maderas de diferentes calidades, para formar con ellas cualquier objeto necesario al acabamiento de un hogar o para su decoración. El arte de la carpintería recibe únicamente los trabajos que no usan cola. Esta falta de cola estaba asociada a la grandiosidad de los esfuerzos mecánicos de sus obras. De todas las formas, carpinteros y ebanistas se tornaron imprescindibles no solo en la construcción de habitaciones rurales y urbanas como en todos los demás objetos hechos de madera y que por lo tanto necesitan de una manutención constante.

Durante el siglo pasado, la Borgoña – región de Francia, situada en el centro-este del país y famosa por su renombrada vinicultura - contaba con muchos negociantes de vinos. Entre tanto, la recesión de las ventas de barricas de roble (1950), debida principalmente a la innovación de los tanques de cemento o de acero, hizo con que los vinicultores borgoñeses se volcasen hacia la exportación. Así toneleros y barriles franceses invadieron la California (EUA). La reputación y buena fama de los vinos franceses dieron a conocer los barriles más famosos de Borgoña y sus excelentes cualidades. También se hizo muy conocido el tonelero de Núremberg, Maese Martín der Kufner, escogido síndico del Gremio de los Toneleros de aquella ciudad alemana, pues ‘no había otro tan conocedor del oficio como él. Los toneles salidos de sus manos eran a la par de sólidos, finamente acabados, y no tenía rival para montar una bodega según las reglas gremiales. Prosperaba de día en día su reputación, y cada vez eran más numerosos sus clientes entre la gente rica y distinguida […]. A nadie podía ser conferida tan merecidamente esta dignidad’ [presidencia del gremio] como a Maese Martin. A final él gozaba del aprecio de todos, y los que le conocían daban testimonio de su destreza en la profesión y arte de hacer toneles. La tonelería, en verdad, ya era practicada por celtas y romanos (siglos I/II). En aquel entonces los barriles servían de envase tanto a liquidos (vino, cerveza, sidra, agua) como a sólidos (granos, salazones, clavos).

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Durante el imperio Romano, las legiones utilizaban y comercializaban el cuero a través del puerto de Ostia (Roma); las guerras contra Cartago tuvieron origen en el comercio de cuero y la ruptura del monopolio imperial de Roma que regulaba el comercio de pieles. En la Edad Media aparecen otras pieles, mal trabajadas y de procedencia local: garduñas, comadrejas, gato montés, liebre, ciervo, cordero, cabra… Las más cotizadas eran las pieles de marta y armiño, usadas para fabricar adornos para las mangas, cuellos y otras partes del cuerpo, además de ser utilizadas para fabricar pergaminos y en la encuadernación de códices y cubierta de libros. Históricamente, el cuero cocido fue utilizado para fabricar armaduras, encuadernación de libros y pequeños muebles o cofres. Actualmente se usa en artesanía, recreacionismo, rol en vivo (juegos) y esculturas. Como se puede percibir, la importancia de este profesional es de las más reconocidas en el mundo entero. En nuestras comarcas y pueblos había muchos guarnicioneros, curtidores, marroquineros, talabarteros, zapateros y otros profesionales de apoyo en las diferentes modalidades de curtir el cuero. A partir del siglo XX predomina el curtido al cromo, excelente material para bolsos y prendas de vestir.


La rueca y el huso han tenido importancia como símbolos culturales de una idea universal: de donación a los pobres y menesterosos. El ejemplo más conocido es el de santa Isabel de Hungría que hilaba para los pobres de su reino. En el cuento de La Bella Adormecida, la rueca simboliza el destino inexorable del ser humano. Aunque las ruecas del palacio real donde vivía la princesa fueron escondidas, esta acabó pinchándose con una aguja, cumpliendo así lo que estaba escrito en su destino. En la India, la rueca simbolizó la lucha del pueblo hindu contra el imperialismo británico: Ghandi convenció a sus seguidores que la mejor manera de vencer a los ingleses era la desobediencia civil, o sea, no comprar las fibras textiles de Manchester City, y fabricar ellos mismos la propia ropa de forma artesanal, sirviéndose de la rueca (o charkha, en nepalí). La campaña de la desobediencia civil alcanzó su objetivo mayor: la India se tornó independiente (1947).
Nuestros antepasados, sobretodo abuelas y tatarabuelas, usaron la rueca para realizar un trabajo de hormigas, hilvanando las siguientes fibras: la lana > en uso desde la época de los patriarcas bíblicos, pues eran pastores. Prádanos siempre fue un pequeño productor de lana a través de sus cinco o seis rebaños, principalmente en los tiempos en que el pueblo tuvo una fábrica textil de transformación de la lana en hilos, después en tejidos y en seguida en ropas domésticas. En casi todas las casas castellanas existió una rueca, por lo menos hasta principios del siglo XX. Además de la lana, el algodón procedente de la India e introducido en Europa por las conquistas de Alejandro Magno (333 dC). El lino y los lienzos con que los egipcios envolvían sus momias, y el bisu o byssus, de textura más fina que lino. El cáñamo, utilizado por los chinos, debido a su potencial textil de alta y variada calidad, y a otras aplicaciones terapéuticas. La seda, utilizada en la China y conocida en la Europa por lo menos dos siglos aC; los persas ya la cosechaban en el siglo IV aC. También los hilos de oro y plata son muy antiguos como tejidos preciosos.
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