Sabemos que la Real Federación Española de Atletismo ya deseaba fomentar, desde 2010,
la práctica del atletismo entre niños y jóvenes, especialmente en el medio
escolar. Sin embargo, para que eso acontezca en beneficio de todas las
comunidades autónomas, importa introducir un cambio radical en los conceptos de
toda competición tradicional e infantil, exactamente para favorecer la práctica
del atletismo entre nuestros niños. El nuevo modelo [alternativo] deberá estar
asociado a las prácticas atléticas y a las competiciones, llevando en cuenta los
aspectos educativos y de diversión, lo que ciertamente fomentará la creación y
el esfuerzo de hábitos deportivos para un objetivo primordial y común > mejorar la salud de nuestros niños y
adolescentes.
Este deseo
de la RFEA es compartido por todos
los ciudadanos de España, sin cualquier distinción de edad, credo, sexo,
regionalismo etc. Sobre todo cuando se entiende perfectamente la diferencia
conceptual entre juego y deporte, juegos
populares y juegos tradicionales, además
de sus características propias e individuales (libres, espontáneos, reglados, diversión,
orden, creativos y emocionantes). En verdad,
*el juego en
si mismo es una actividad u ocupación voluntaria, realizada dentro de un tiempo
y un espacio > atiende ‘a reglas con
objetivos determinados, acompañadas de un sentimiento de tensión y alegría’.
A su vez,
*el deporte es una actividad física, sujeta a un reglamento que
se practica de forma individual o colectiva en competiciones con otros
concurrentes de modo habitual. Aunque ya hablé de este tema en el apartado
anterior, nada me cuesta reforzarlo más específicamente aquí. Así
*juegos
populares > aquellos
que están muy arraigados en una determinada zona geográfica y los habitantes
del lugar los practican habitualmente, sea en su totalidad sea en un sector
concreto de la población ej.: niños, adolescentes, adultos, hombres, mujeres
etc. En cuanto que
*juegos
tradicionales > aquellos que han participado de un proceso de
transmisión [local, regional o nacional] y han tenido continuidad histórica
durante un determinado periodo o época ej.: comba, tira-soga, canicas, pelota.
De otro lado, aunque la mecanización y la evolución
tecnológicas nos hayan traído aspectos relevantes y positivos, también nos trajeron
puntos negativos, pues nuestros trabajos son bastante solitarios y muy
sedentarios por lo general. Las actividades de ocio y tiempos libres son
parecidos a los desarrollados en nuestro ‘taller’ ej.: videosjuegos. Con el
estrés de la vida moderna y el agobio del día a día llegamos a perder las
relaciones sociales y personales, incluso familiares. Para suplir esta falta de
movimiento y conseguir una vida más saludar y educativa en nuestros pueblos
–principalmente em poblaciones de pequeño porte como Prádanos de Ojeda- es necesario presentar y fomentar
la gran variedad de juegos populares > actividades físicas que
existen para todas las personas y para todas las edades, a fin de mejorar
nuestra salud y el bienestar psico-físico. Hoy, podemos elegir entre el gran
número de juegos para desarrollarlos en el tiempo libre de que disponemos,
semanalmente.
Los juegos populares y tradicionales resuelven esos
dos problemas graves planteados por médicos, psicoterapeutas y profesores de
educación física. En realidad, todos ellos presuponen actividades físicas donde
el movimiento y el desarrollo de las capacidades motoras desempeñan y se
revisten de especial importancia ej.: resistencia,
velocidad, coordinación, percepción, destreza, motricidad, etc. Además, con
la práctica y el conocimiento de todos ellos nos aproximamos más de las generaciones pasadas,
tanto las que aún son vivas como las que ya nos dejaron, pero que aportaron
algo más de sus vidas y ascendencias, razones de nuestra existencia más o menos
saludable que la de su tiempo. En cualquier libro de juegos, deportes y
educación física, encontramos algunos objetivos indispensables para una
ejecución más agradable de estos juegos populares: en ellos
*se valora la cultura deportiva que nuestros mayores y antepasados realizaron
a lo largo del tiempo;
*también
se reafirman en su practicidad inúmeras posibilidades de ocupar nuestro tiempo
de ocio de una manera sana y al aire libre;
*en
cada uno de estos juegos se consiguen informaciones acerca de las actividades
de nuestros padres y abuelos, así como tendremos noticias de las más arraigadas
en la zona/región donde se habita, interactuando con las personas que nos
rodean;
*conoceremos
y transmitiremos a nuestros hijos y descendientes la filosofía y solidaridad de
estos juegos populares y tradicionales, existentes en nuestras comarcas,
provincias y comunidades autónomas.
Algunos patronatos provinciales de Castilla y León
ya se pronunciaron a este respecto: los núcleos de población han sido y son
escenarios de la práctica consuetudinaria de los llamados juegos populares. En ellos se recogen los juegos más tradicionales
que van desde la tuta, rana, barra castellana etc., pasando por las diversas modalidades del juego de bolos, dependiendo de la zona
donde se practica ej.: los bolos de tres
tablones, los bolos burgaleses o leoneses, el pasabolo, el tablón, los bolos ribereños, los bolos femeninos del Pisuerga, los bolos de Belorado, entre otros. Sin
olvidarnos igualmente de numerosos deportes tradicionales ej.: la corta de troncos, el billar romano, el juego de pelota etc., y otros muchos juegos populares, como el mocho, la monterilla, la calva, el herrón, la chirumba etc.
Siguiendo, pues, estos principios y con el objetivo
de contribuir en cuanto nos es posible a los deseos de la Real Federación Española de Atletismo, paso a dar proseguimiento a
los juegos más populares y tradicionales de mi pueblo > Prádanos de Ojeda. Son juegos practicados desde siempre, pues
estaban firmemente arraigados en el subconsciente popular de sus habitantes. Yo
como niño que era –dejé Prádanos con 8 años de edad- no me acuerdo de todos
ellos, pero sí tengo una firme recordación por lo menos de unos 30/40 juegos
más tradicionales en el pueblo [de niños/as y de adultos]. Ciertamente existían otros,
pero el recuerdo histórico que se quedó gravado en mi memoria es ese. Después
de aquellos siete citados anteriormente, paso a relatar otros juegos más en evidencia.
Nos gustaba mucho
8 – jugar a la
pelota a mano:
practicábamos este juego en
los soportales de la plaza, donde funciona (ba) el Ayuntamiento. La pared
localizada a la derecha del soportal, los niños la usábamos como frontón. Claro, en cuanto nos dejaban y
no criaban caso. Pero me acuerdo que era una diversión incuestionable. En San
Sebastián, donde fui estudiar en un colegio interno, había un frontón en forma protocolar
y reglamentado. La pelota no deja de ser un juego ‘vasco’, pero es practicado
en toda España y hasta en el extranjero, sobre todo en Argentina y México.
Nosotros jugábamos a la pelota a mano,
pues existen varias modalidades ej.: el trinquete, frontenis, cesta-punta etc. En mi tiempo de niño, el juego estaba
en su auge (a partir de 1941). En líneas generales, el juego consistía en
golpear la pelota > una bola de cuero o de goma con la mano, en un frontón
corto (entre 11/30m) o cancha, que
cuenta con una pared izquierda –la
modalidad por antonomasia. Nunca supe que la pelota a mano tiene tres
modalidades: plaza libre, trinquete y frontón corto, de forma individual o por
parejas. Sin saber, nosotros practicábamos la plaza libre –una simple pared. Esta modalidad ya formó parte de los
juegos olímpicos de los primeros mundiales, pero desapareció, porque sólo era
practicada en el País Vasco (francés). Actualmente existe un circuito
profesional de pelota a mano – la Liga de
Empresas de Pelota a Mano;
9 – jugar al
escondite:

este juego era tan popular cuanto
las canicas – en Prádanos le
llamábamos de esconderite. Era más o
menos así: los jugadores se capturaban unos a los otros si se les veía: en
seguida se iba al punto (pared o local) en que se iniciaba la cuenta y se
pronunciaban los nombres de los descubiertos también en voz alta. El jugador
que debía atrapar a los otros niños contaba hasta cierto número impuesto por el
grupo (entre 50 y 100). Cuando terminaba la cuenta comenzaba la búsqueda, y terminaba cuando se encontraban a todas las personas. El juego se repetía
tantas veces cuantas fuesen necesarias o el tiempo permitiese. Si el jugador
escondido tocaba la piedra, pared o árbol, no podía ser atrapado de nuevo.
Cuando se veía al jugador escondido, ambos corrían para tocar el poste, piedra
o árbol. Si el jugador tocase la piedra primero que el buscador, aquel no podía
ser más cogido; en caso contrario, se consideraba capturado. En algunas modalidades,
el capturado debería tomar su lugar. A veces bastaba descubrir de lejos a la
persona escondida y se decía el nombre en voz alta, antes acompañado de un
estribillo: ‘el que no se haya escondido/
tiempo ha tenido’. En una variante muy común, el último escondido podía
salvar a todos los demás, diciendo: por
mis compañeros y por mí primero. Este juego tenía muchas particularidades
en cada pueblo. Una de las
modalidades más interesantes era el pollito
inglés que consistía en quedarse inmóviles todos los jugadores cuando el
buscador girase el cuerpo para ver quien se movía…
10 – jugar al
pilla-pilla o tula:
era el juego de persecución
más sencillo y más arraigado entre los niños de mi pueblo. Me acuerdo que en
nuestro grupo había un chico mayor (unos 14 anos) que ‘tripudiaba’ de los más
pequeños porque era delgado y alto, y casi nadie conseguía pegarle. También se
llamaba de tula > debido al
estribillo en boga ‘tu la das, tu la
llevas, dásela a quien tú más quieras’. Para jugar, se escogía el lugar [la
plaza del pueblo, por lo general] y cuál de los niños era el primero que se la
quedaba. Todos corrían alrededor deste último, provocándole para que les
pillase. Cuando conseguía tocar a alguien con la mano gritaba aquel estribillo
u otra frase cualquiera que no me ocurre ahora. No sé si era el ‘mona
rabona’ > este estribillo repetía: ‘mona
rabona/ un cuarto me debes/ si no me lo pagas/ mona te quedes’;
11- jugar a las
cuatro esquinas:
este juego contaba con cinco
niños: cuatro jugadores se colocaban en ‘cuatro
esquinas’ > rincones, columnas, árboles, postes etc., y uno se quedaba
en el centro. Consistía en un rápido intercambio de lugar entre los jugadores,
desplazándose de un sitio a otro. Se alguno se quedase sin su lugar, pasaba a
ocupar el centro del ‘cuadrado’, y el
juego continuaba. En Prádanos, usábamos mucho las columnas del Ayuntamiento en
la plaza y un soportal viejo – en la época, completamente abierto-, hoy ocupado
por la Junta de Castilla y León. Aquí yo me divertía mucho subiendo por unas
columnas de apoyo o contrafuertes del tejado aún existentes;
12 – jugar a
las sillas:
es uno de los juegos
tradicionales más jugados en España y, posiblemente, en el mundo entero. Para
poder desarrollar esta diversión se escogen tantas sillas [menos una] cuantos
jugadores quieran divertirse. Las sillas son colocadas en forma de círculo, con
los respaldos para dentro; los jugadores se ponen alrededor. Un jugador
controla la música y ordena el comienzo del juego; los jugadores empiezan a dar
vueltas hasta el momento en que el controlador para de repente la música.
Entonces cada uno procura sentarse en alguna silla libre. Quien no lo consigue
es eliminado. A seguir se retira una silla y el juego continúa. Cuando sólo
queda una silla y dos jugadores, quien conseguir sentarse gana el juego.
13 – jugar al
pañuelo o bandera:

en este divertimiento –yo
nunca lo vi en Prádanos, pero mi hermana dice que las niñas demostraban
bastante interés por él. Se formaban dos equipos con el mismo número de
jugadores. Con la tiza o un tejo se hacían tres líneas paralelas. En la del
medio se posiciona quien sujetaba el pañuelo
(un árbitro o cualquier persona); en las otras dos se colocaban los
respectivos equipos. Cada jugador tenía un número sin que lo supiese el equipo
contrario; empezaba por el uno. Quien sujetaba el pañuelo gritaba un número:
los jugadores con aquel número debían correr para coger el pañuelo y volver a
su lugar sin que el oponente lo hiciese más rápido. El jugador que no lo
consiguiese era eliminado y se quedaba al lado de quien aseguraba el pañuelo; otro
jugador del equipo se quedaba con su número. Y así se continuaba hasta que un
equipo se quedase sin jugadores. Existía la posibilidad de un jugador rescatar
sus compañeros, si cogiese el pañuelo y tocase en la mano de cada uno, consiguiendo regresar a su línea antes que el
oponente lo hiciese. Los jugadores rescatados recuperaban sus números. Pero si
el jugador con el pañuelo era cogido antes de llegar a su línea, él estaba
eliminado y todos los compañeros que fueron rescatados por él permanecían
eliminados. Los jugadores podían amagar que cruzaban la línea central sin
hacerlo, sólo para engañar al oponente. Es un juego un poco confuso, pero
divertido después que se coge el modo de jugar
14 – saltar a pídola:
es uno de los juegos más
comunes en nuestras plazas pueblerinas. En Prádanos, los niños jugaban mucho y
se divertían a mansalva con este juego simple y sencillo. El nombre pídola (> ¡pido la vez de saltar!)
formalizaba la vez de saltar uno a uno sobre el compañero que servía de ‘mula’. De pie, pero con el tronco
ligeramente flexionado y realizando a cada salto una determinada habilidad
indicada por el primero de la fila llamado ‘madre/padre’. Para saltar, el
jugador se apoyaba en la espalda de la ‘mula’ y al saltar separaba las piernas
para pasar por encima sin tocarle con
ellas. Se sorteaba quien debería servir de ‘mula’: se hacía una raya en el
suelo y los otros jugadores hacían fila para saltar, cuidando para no pisar en
la raya, pues si pisase se quedaba en lugar de aquel que hacía de mula. Este, a su vez, se posicionaba en
la cola por último. Si ninguno perdía, se aumentaba la distancia de la raya. El
primero de la fila siempre gritaba ‘pídola’
y saltaba; los demás le imitaban en todo el ritual, pero sin pisar la raya cuya
distancia aumentaba cada vez más, dificultando el juego y tornando el salto difícil
y complicado. Había otra modalidad, común en Prádanos: exigía que el jugador
saltase unos pasos y se posicionase para servir de mula. Después otro hacía lo mismo a medida que se saltaba. Se eran
muchos la diversión estaba garantizada y nadie salía disgustoso. Este juego es
uno de los más tradicionales de España. Desde que me juzgaron con ‘uso de
razón’ ya se practicaba la pídola en
mi pueblo y en toda la comarca palentina.
15 – saltar al burro (> o churro):

este juego es una variante
del anterior, pero practicado en grupo de 5/10 jugadores y por equipo. Un
jugador se posiciona apoyando la espalda en la pared y el resto de los
compañeros se colocan en fila como se fuesen ‘burros’ > uno atrás de otro formando fila y agarrándose
fuertemente a las piernas de quien está en la frente, posicionando también la
cabeza entre las piernas del compañero. Este detalle impedía muchas veces que
niñas o muchachas jugasen a esta modalidad. En seguida,
los miembros del equipo contrario saltaban por turnos sobre los ‘burros’, dejando um lugar para los que
saltaban después. Muchas veces esta estrategia no era realizada a contento y
todo el grupo venía abajo. Cuando todo el equipo saltaba y los de abajo
resistían al peso y no se desplomaban, uno de ellos preguntaba: ¿churro, media manga o manga entera?
Eran esas tres posiciones a ser adivinadas: si churro, se sugetaba la muñeca con la mano contrária; si media manga, la mano agarraba el codo;
si manga entera, la mano indicaba el
hombro. Si adivinasen la posición, el equipo saltaba; de lo contrario, servía
de burro. Es un juego no muy recomendado para muchachas. Hoy dificilmente se
juega; en otros tiempos todo era posible, pues no había maldad y equivocos como
existen hoy en día. Cuanto a las preguntas y adivinanzas existían palabras
diferentes, como pico, zorro y zahína, o también chorro,
marro, pico y tallo. Este juego no me gustaba mucho; yo apenas era
un asistente, pues con 7/8 años no podría ser de otro modo. Pero se practicaba
en Prádanos y, segundo me consta, era tradicional en la comarca de la Ojeda.
16 – jugar al chito o tanga

este juego era muy
practicado en Prádanos de Ojeda. Y
aunque yo era un niño de poca edad también a mi me gustaba practicarlo. Es muy
sencillo. Como indica la figura anexa (foto), sólo es necesario un pequeño chito o tanga de madera y dos perchos (> discos metálicos o tejos
redondos). Es un juego táctico de puntería y destreza, pues es preciso
‘lanzarlos’ contra una tanga o chito
encima del cual se colocaban monedas, cromos, ‘santos’ etc. El juego tiene por
objetivo derribar el chito y
conseguir que las monedas u objetos se queden cerca de él. El chito o tanga tiene entre 8/20cm; el ‘tejo’ o percho deberá ser de 10cm de diámetro, con peso de 1/2 kilo. El
campo de juego es un rectángulo ‘llano’ de 3 x 25m². Se juega por parejas o
equipos, y el lanzamiento se hace a partir de una raya trazada de común acuerdo
(22m medidos por zancadas). El orden de salida se hace por la proximidad previa
en relación a la raya combinada. Cada pareja dispone de 4 perchos o ‘tejos’ >
dos por jugador, y el lanzamiento puede ser efectuado ‘a pie quieto’ o con paso, pero no podrá sobrepasar la línea de tiro.
La puntuación es así: chito derribado directamente vale 3 puntos; de modo indirecto, 1
punto. Por cada moneda, 1 punto. Si
la moneda está a igual distancia del chito
o tanga no se gana nada. El máximo de puntos, por tirada o ‘entrada’, es de 6 puntos. Los chitos no pueden ser movidos en cuanto no terminar la jugada. Quien
decide las polémicas es un juez elegido por unanimidad. Existe un reglamento
específico para este juego.
Obs.:
el juego detiene un vocabulario propio y, por eso, un jugador novato tendrá
cierta dificultad en entenderlo a primera vista, pero con el tiempo todo se
arregla. Para tener una idea de la ‘dificultad nominal’ ya partimos del
siguiente presupuesto: están documentados 115 nombres diferentes para este
juego. El diccionario cita los dos más comunes: tanga y chito. Un atlas
lingüístico nos dice que es el juego con más denominaciones en la geografía de
lengua hispánica. En Castilla y León y, consequentemente, en Prádanos de Ojeda,
el nombre común de este juego es chito.
Yo adoraba jugar al chito; tenía
hasta discos o perchos de diferentes
tamaños.
17 - jugar a los cromos o ‘santos’
en Prádanos, los niños
jugábamos de dos maneras muy interesantes. A mi, personalmente, me gustaba la
denominada ‘al monto’. Los cromos
eran dibujos de colores que se compraban en láminas troqueladas (recortadas).
Los había de todo tipo: muñecos, animales, flores, cajas de cerillas, billetes
de tren, jugadores de fútbol, artistas etc. Las niñas, comunmente más modosas,
los guardaban en cajitas de hojalata que guardaban en el bolsillo. Se sorteaba
para empezar el juego y, ordinariamente, eran dos los competidores, pero podían
ser más. A principio, se colocaban los cromos, en partes iguales, boca abajo en
el suelo, o sea, el dibujo de cara al suelo. El primer jugador golpeaba los
cromos con la palma de la mano, en forma de hueco, y la retiraba rápidamente:
si daban la vuelta, eran suyos; si no, perdía la vez para otro jugador. Y así
hasta terminar con todos los cromos. Después se reiniciaba el juego colocando
más o menos cromos conforme la ‘fortuna’ de los oponentes.
A mí me gustaba jugar ‘al monto’, o sea, una variante o modalidad más interesante que la
anterior, al menos según mi parecer. Consistía en dejar caer o tirar los cromos
desde una altura predeterminada – en Prádanos,
la plaza era el lugar más apropiado para todos los juegos, pero podía servir
cualquier pared lisa, en la acera. Se
combinaba cuántos cromos debían ser puestos en el suelo. Después, por sorteo,
se daba la salida, golpeando el cromo contra la pared: si caía sobre otro cromo
(‘montaba’) era suyo; si no, cedía la
vez. Podían jugar varios niños, pero de ordinario eran apenas dos. Dentro de
esta modalidad, se jugaba aún de otras dos maneras: a los ‘montados’ (el jugador se llevaba apenas estos), o ‘a todos’ cuando el jugador se llevaba
todos de una vez. Los cromos o ‘santos’ debían ser del mismo tipo. En mi
tiempo, jugábamos mucho con los billetes del tren. Cómo los conseguíamos no me
recuerdo; sólo sé que muchos aparecían de repente, porque probablemente alguno
de los competidores los cambiaba por otros cromos o ‘santos’. Y como era un
juego donde se podía ganar o perder muchos cromos, los niños llevábamos un
verdadero montón de ‘santos’, principalmente para impresionar al oponente… Otra
pequeña variante de esta modalidad se llamaba ‘jugar al punto’: se trazaba una raya en el suelo o en la pared, y
desde otra raya combinada se lanzaban los cromos para dejarlos próximos a la
primera raya. Ganaba quien los dejaba más cerca, dependiendo de ser cara o
cruz. De lo contrario, se cedía la vez al segundo jugador. Y así hasta que
todos los cromos o ‘santos’ tuviesen un dueño.
18 – jugar al
hinque o marro
otro juego sumamente
interesante, practicado por grande parte de los habitantes (hombres) de Prádanos de Ojeda. ¡Cuántos de mis
paisanos se recordarán de esta diversión que yo veía con ingenua fruición y
procuraba imitar, porque de ordinario era un juego de mozalbetes y hasta de
adultos. En verdad, era algo peligroso, pues a veces se usaban navajas, y no sólo
un palo al que se hacía punta en un de los extremos. El ‘campo’ de juego era un rectángulo en tierra blanda o mojada, donde
la navaja o el palo con punta pudiesen ser hincados con cierta facilidad. Se
dividía el terreno por la mitad, en partes exactamente iguales. El juego
consistía en ‘ganar’ el terreno al oponente. También se marcaba una línea desde
donde se lanzaba la navaja o el palo afilado. Después de sortear la vez de cada
uno, se intentaba clavar o derribar la navaja o el palo en el terreno del
oponente. A partir del punto donde se clavaba la navaja o palo se trazaba una
raya, añadiendo esa parte al propio terreno, borrando la raya primitiva. Se
jugaba hasta ver quien fallaba primero o lo hacía fuera del terrero indicado
desde el principio y de común acuerdo. Cuando uno de los oponentes fallaba,
cedía su vez. Y el juego continuaba hasta la conquista definitiva de todo el terreno, que a veces se tornaba prácticamente
imposible debido a las medidas mínimas en que se convertía el terreno de los
competidores. El juego podía complicarse y ser más sofisticado si el lanzamiento
de la navaja o del palo se hiciese a través de la punta, y no del mango. En
general, esta ‘sofisticación’ era más para gente ‘mayor’ y de gran competencia.
Pero que el juego era vibrante, eso todos lo decían, sin excepción.
19 – jugar a
los zancos
es un juego de habilidad y equilibrio. En La Rioja/Logroño son típicas las carreras de zancos. También en los picaderos muchos zancudos sirven
de atractivo circense. La leyenda cuenta que un panadero hizo el recorrido
Paris-Moscú en 58h, de zancos. Buenos zancos –según se dice- son aquellos que
mezclan altura con sistema de acoplamiento/fijación moderna conforme el uso,
pero existen zancos sencillos, formados por dos palos – existen otras maneras
de hacer zancos con botes, latas, botellas etc.-, una base plana para servir de
apoyo a los dos pies y la ayuda de las dos manos. Hay zancos más sofisticados,
pues exigen sistemas de fijación para las dos piernas por encima de los
tobillos. Y los hay con plataformas de apoyo tipo patines. Lo fundamental en
cualquier especie de zancos es mantener el equilibrio y demostrar habilidad al
andar, saltar, correr, etc, sobre todo cuando tienen determinada altura. Mi
hermano Teodoro era maestro expert en
este juego y circulaba por el pueblo a la altura de los tejados. Nosotros, en
cuanto niños, usábamos zancos con unos
50/70cm de altura; las niñas utilizaban más los botes y latas de
conserva. Existen muchas modalidades ej.: de carrera, subidas y bajadas, por
edad, distancias… Y no se piense que los zancos apenas eran/son un juego;
también hoy en día se utilizan en el pastoreo, en la cosecha de frutos arborícolas,
en limpieza de ventanas y reparación de tejados, entre otras serventías. Y no
sólo en España, también en diversas partes del mundo. Se usan igualmente en
rituales, juegos y deportes de competición en África, América e illas del
Pacífico, o sea, actualmente también forman parte de la tradición popular, así
como aparecen en programas deportivos, culturales y sociales de teatros y
circos en los cinco continentes. Según Jesús S. González, los zancos son
referencia histórica desde el siglo VI aC; en el imperio Romano se denominaban
‘grallae’ (> aves de largas
patas).
Espero
les tenga gustado esta ligera explanación de algunos juegos más practicados en
mi tierra natal, Prádanos de Ojeda. ¡Hasta
luego, amigos!
F I N (3B)