sexta-feira, 13 de julho de 2012

Prádanos de Ojeda: mi pueblo, cabeza de la Ojeda (5)



Nuestros pueblos y comarcas no sólo manifiestan su riqueza a través de los recursos vegetales, agrícolas y pecuarios (> ganadería, en general), sino también en sus numerosas expresiones artísticas que se explayan por todos los valles de la Montaña Palentina. Son valles y minúsculos vallejos encajonados por donde discurren los ríos más importantes de la provincia de Palencia: el río  Burejo y sus simpáticos arroyos en la comarca de la Ojeda; el río Boedo y algunos riachuelos bucólicos en la comarca de Boedo; el río Valdavia y sus pequeños tributarios en la  comarca de la Valdavia; el río Carrión y algunos de sus mayores afluentes en la comarca de la Vega de Saldaña y Carrión de los Condes. Y, principalmente, a lo largo del río Pisuerga en la llamada Ruta del Románico Norte, en el Alto Pisuerga, sin duda una de las mejores concentraciones de edificios y restos románicos de España, si no la mayor y más expresiva de todas ellas. En verdad, el Románico Norte debe ser dividido en dos rutas importantes: la primera recibe el nombre de Ruta de los Monasterios, a cuya cabeza figuran el Monasterio de Santa María y San Andrés de Arroyo (cisterciense) y la iglesia/‘catedral’ de la  Ojeda/Boedo, en Prádanos de Ojeda. Esta ruta parte de Herrera de Pisuerga/Alar del Rey en cuyos núcleos urbanos se bifurca nuestra caminada: una acompaña y sube el río Burejo, dejando a la derecha nuestro amado pueblo, y la otra acompaña y sube el trazado del río Pisuerga y demás poblaciones localizadas en el entorno de  Aguilar de Campoó. En la primera, además del Monasterio de San Andrés y de la iglesia/catedral románica de Prádanos de Ojeda, vamos encontrar el Monasterio de Santa Eufemia, en Cozuelos de Ojeda, y las iglesias de Moarves, Olmos de Ojeda, Vallespinoso, Barrio de San Pedro y Barrio de Santa María, entre otros monumentos; en la segunda, observamos el Monasterio de Santa María de Mave (hoy una posada), y las iglesias románicas de Matalbaniega, Motomorisca, Cilamayor, Brañosera, San Cebrián de Mudá y Barruelo de Santullán > iglesia de Santa María la Real. También merecen nuestra visita la ermita militar de Vallespinoso de Aguilar; el conjunto histórico-artístico de Aguilar de Campoó (iglesias, monasterio, castillo, palacios); la iglesia rupestre y el impresionante paisaje de la Horadada, en Olleros de Pisuerga; el conjunto monumental de Becerril del Carpio, etc.     
En Cervera de Pisuerga – partido judicial de la Comarca al cual pertenece Prádanos de Ojeda - ,     tiene inicio el Románico Norte 2 -  la llamada Ruta de los Pantanos, o sea, una parte de la Montaña Palentina – el tramo de la carretera P-215 entre Cervera y Velilla del Río Carrión/Guardo (55km) – donde se sitúan los cinco pantanos o embalses más importantes de la provincia: del sistema Pisuerga forman parte los embalses Aguilar – el mayor con 247 millones/hm³ -, Requejada y Cervera (o Ruesga, como también es conocido) rebalsan las aguas del río Pisuerga y su tributario el río Rivera; y  del sistema Carrión forman parte los embalses Camporredondo y Compuerto  que recogen las aguas del río Carrión, a sólo 3km del Parque Natural de Fuentes Carrionas. Por estos  lugares vamos admirar iglesias y ermitas en Perazancas de Ojeda, San Salvador de Cantamuda, Pisón de Castrejón y Cervera de Pisuerga – esta última, una villa norteña que fue cabeza de la Merindad del Condado de La Pernía – uno de los condados y merindades mas destacados y antiguos de España; fue también calzada romana hacia Cantabria, ciudad de antigua hidalguía y solar de los condes de Seruela. Actualmente es más conocida como El Corazón de la Montaña Palentina, porque mantiene hasta hoy su tradicional carácter rural y ganadero. El CIT oficial (> Centro de Iniciativas Turísticas) de Cervera a sí se autodefine: “situada en el centro del territorio es la capital natural de la Montaña Palentina, cabecera de partido judicial, centro vital del pujante sector turístico de la comarca y punto estratégico para adentrarse en este antiguo, sorprendente y hospitalario país de naturaleza virgen, con arte y con historia” . Geográficamente, sus habitantes están localizados en la Cordillera Cantábrica, en el bordo montañoso y más septentrional de la provincia de Palencia y de la región de Castilla y León. Es el mayor término municipal en extensión de Palencia (325km²) y está localizado dentro del Parque Natural de Fuentes Carrionas (Zona de Protección Ambiental). El nombre Cervera derivaría de la abundancia cinegética (caza) de ciervos; el escudo de la ciudad parece confirmarlo. Cervera posee una de los más ricos patrimonios histórico-artísticos de la Montaña Palentina. Su iglesia es de estilo gótico florido del siglo XVI, con pinturas flamencas, documentos y objetos religiosos de la mejor factura. La ermita de la Cruz es de estilo barroco (siglo XVIII), y la ermita-cueva de San Vicente presenta un eremitorio rupestre con necrópolis  (siglos VIII/XI).
Como podemos ver, todas estas iglesias y ermitas prácticamente se destacan por su construcción  ‘románica’, esto es, iglesias levantadas entre los siglos XI/XIII cuando la Europa medieval, aún abalada y desorientada debido a las invasiones bárbaras, adoptó el estilo dicho románico que intentaba dar unidad social, religiosa y “monástica” al nuevo orden reinante, implantado por Carlos Magno (742-814) y sus sucesores. Todas las iglesias de esta época son consideradas iglesias de peregrinación, porque eran construidas a lo largo de caminos en dirección a lugares sagrados > Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela (España), con la finalidad de servir de apoyo y albergue a romeros y peregrinos, además de ofrecerles reliquias de santos y otros objetos religiosos. El nombre ‘románico’ caracteriza la romanización y conversión de Europa al cristianismo, pues los papas y sus cruzadas presionaban reyes, caballeros/ricoshombres y vasallos a reconquistar el mundo paganizado en nombre de la fe cristiana. España fue la primera a proclamar su Reconquista a partir de Asturias y Cantabria – aquí se situaron por mucho tiempo nuestros pueblos y comarcas antes de pasar definitivamente a formar parte del reino de Castilla y León. En estos siglos de la Edad Media, Europa y sus circunscripciones geográficas se romanizaron como nunca en su Historia: dividida en mil y un reinos, sólo la iglesia controlaba el pensamiento y la vida de todos los europeos cristianizados. Por la primera vez, después de la caída del imperio Romano, fue posible la unificación plena de Europa. Como consecuencia, se vivían momentos de estabilidad y crecimiento urbano; el comercio volvió a florecer y las ciudades aumentaban en todas las direcciones. Las iglesias y sus construcciones monumentales son el reflejo de este crecimiento económico y religioso. Según nos dice un eremita/ peregrino de Borgoña, el monje francés, Raoul Glaber (1033): “a medida que se aproximaba el año 1000 dC, [de malos augurios, dígase de pasaje] se via por todas las partes, de manera especial en Italia y en las Gálias (actual Francia), la reconstrucción de iglesias/basílicas. Era como si todo el mundo quisiera sacudir de encima de si el polvo del tiempo, para despojarse de su vetustez y, al mismo tiempo, revestirse por todas los lados con el manto sagrado [blanco] de una iglesia”
Todas estas iglesias de estilo románico seguían el modelo de las basílicas romanas, en forma de cruz latina, con varias naves y diversas capillas radiantes o laterales por tras del ábside. Casi todas son monumentales, y para eso hubo necesidad de mejorar los materiales de construcción y los métodos arquitectónicos: fue entonces utilizada la piedra de cantaría en las paredes, y los techos y tejados de madera fueron substituidos por bóvedas más en conformidad con el símbolo de fortaleza divina que acompañaba a las iglesias de aquella época. La iglesia de Prádanos de Ojeda es un modelo fiel de esta sublimidad espiritual. Por eso, la arquitectura con piedra de cantaría refuerza la simbología de monumentalidad y fortaleza, y da un aspecto macizo y horizontal al conjunto arquitectónico a través de las columnas que sustentan las bóvedas, aunque la altura a veces se presentase desproporcional y arriscada. En general, las paredes son ciegas ya que la abertura de grandes ventanas pondría en risco las estructuras de la techumbre. Acompañando los modelos arquitectónicos, la escultura y la pintura se destacaban con las tallas, los murales en las paredes, las tapizarías y las iluminuras, pues el pueblo en general era analfabeto y, de ahí, resultaba ser la pintura una forma de transmitir los enseñamientos cristianos. Por eso, en todas las iglesias existe decoración interna y externa a través de esculturas en tímpanos > áreas semicirculares encima de los portales, columnas, capiteles y puertas, así como pinturas en profusión en ábsides y bóvedas en todas las naves.
 A semejanza de las iglesias, los monasterios también utilizaron el arte románico, principalmente la Orden de San Benito (Cluny, Cister y Claraval), en claustros y demás dependencias del monasterio, siguiendo modelos ya preestablecidos ej.: los cuadrados perfectos, los corredores y pórticos abiertos por medio de arcos sustentados por columnas (foto). Según se piensa, los caños de la Fuente de Palacios, en Prádanos de Ojeda, serían restos de un antiguo brocal, situado en el centro de un de estos monasterios cistercienses. ¿Será? De todos los modos, en los monasterios que aún sobreviven en nuestras comarcas, prevalece el arte cisterciense, o sea, seguían la Regla de San Benito que exigía aislamiento y clausura. El arte cisterciense se desarrolló antes bien en construcciones interiores para uso exclusivo de los monjes: iglesia, claustro, refectorio, sala capitular, pozo o fuente en el centro del cuadrado > de acuerdo con lo referido en el libro del Apocalipsis 21, 12-14: [la ciudad santa de Jerusalén] tenía una muralla grande y alta, con doce puertas; [la ciudad] era un cuadrado: su largura igual a su anchura; su largura, anchura y altura eran iguales”. El monasterio procuraba reproducir en cuanto posible esa perfección de la ciudad de Dios, basada en cuadrados. El Monasterio de San Gall (Suiza) sirvió de modelo para la construcción de todos los monasterios del Sacro Imperio Romano. De esta forma, si comparamos San Gall y el Cister encontramos estas semejanzas: sus iglesias están orientadas leste-oeste, en dirección a los Lugares Santos; los claustros están recostados sobre las paredes de la iglesia; el lado este, se destina a los monjes; el lado sur, a la cocina y sala de refecciones; y el lado oeste, a los almacenes y otras dependencias (establos, oficinas etc).
Los monasterios cistercienses debían distinguirse por su pobreza absoluta, algo que se choca con la suntuosidad de sus construcciones ej.: la Abadía de Cluny. En 1135, san Bernardo, el monje benedictino más influente del siglo XII – fundador, predicador, escritor, consejero y embajador de papas y reyes y, sobre todo, santo -, decidió construir la Abadía de Claraval en estilo cisterciense. La obra fue construida en piedra de sillería para perdurar por mucho tiempo; en su arquitectura las obras reflejan realmente simplicidad y ascetismo monásticos propios de la Orden del Cister > fundada por Roberto de Molesmes (1098). Objetivo: cumplir con mayor rigor la Regla de San Benito de Núrsia que se encontraba bastante relajada en aquel tiempo. En sus abadías se procuraba  idealizar la vida eterna; de ahí surgió el ideal de construir la civitas Dei y organizarla en cuadrados perfectos. Como dije, el modelo fue el Monasterio de Gall (Suiza). La arte cisterciense apareció en el condado de Borgoña: Claraval sirvió de ejemplo y, por eso, se destacó por la simplicidad de sus formas, evitando cualquier desperdicio o dependencias superfluas. Hoy restan de la obra original apenas una bodega y el dormitorio de los hermanos legos. En 1139, san Bernardo construyó la Abadía de Fontenay (foto), actualmente en buen estado de conservación; es reconocida como una de las mejores construcciones en estilo cisterciense (o estilo románico borgoñés), con bóvedas de cañón y de arista; este modelo fue rápidamente substituido por el gótico. La estética cisterciense puede ser resumida en estos tres pedidos de san Bernardo (1090-1153):


1)    no acepte pinturas, cuadros y tapizarías: “muestre a un fiel parroquiano el cuadro de algún santo. Cuanto más brillantes sean los colores más santidad le será atribuida. Hay más admiración por la belleza del cuadro que veneración por la santidad del santo; por eso las iglesias se ornamentan. Vemos grandes candelabros de bronce maravillosamente labrados: ¿cual es el propósito de tal desperdicio? ¿Será para ganar la contrición del penitente o antes bien la admiración de los espectadores? Si las imágenes sagradas no significan nada para nosotros, ¿por que no economizamos por lo menos en la pintura? Yo soy obligado a concordar: permitimos que esto acontezca en las iglesias, porque pensamos: si no perjudica por ser inútil y ambicioso, no perjudicará por ser humilde y devoto”;
2)    recuse esculturas en las iglesias: “¿y los claustros donde los monjes leen las Sagradas Escrituras? ¿Que significan esas monstruosidades ridículas, hombres por la mitad, tigres rayados, soldados en batalla y cazadores berrando a través de los cuernos de caza?… Son tan maravillosas estas formas de escultura a rodearnos que es mucho más agradable leer mármoles que libros, y pasar el día entero distraídos con estas maravillas que meditar la ley del Señor”;
3)    menosprecie la riqueza en el monasterio porque no es necesaria, y los pobres precisan más de ella: “¿los monjes no renunciaron a todas las cosas preciosas y encantadoras de este mundo para seguir a Jesús Cristo? ¿Entonces, por que buscar dinero, y no los beneficios espirituales? Todas estas vanidades de alto costo y tan maravillosas inspiran a las personas a contribuir con dinero mucho más que a interceder y a rezar. Visten a la iglesia con piedras preciosas y dejan a los pobres andar harapientos  por la calle. Así los ojos de los ricos se alimentan con la pobreza de los indigentes. Y por fin, ¿son buenas esas cosas para nuestros pobres? ¿Y para los monjes, hombres que se dicen espirituales?”
San Bernardo fue una de las personalidades más respetadas en la iglesia del siglo XII: intervino en asuntos públicos de la época, defendió los derechos de la iglesia de Cristo contra la intromisión de  príncipes y reyes en asuntos eclesiásticos, y se tornó consejero y embajador de varios papas y soberanos de Europa. Él criticaba, hasta con cierta impetuosidad, el desperdicio y los gastos inútiles con esculturas, pinturas y tapizarías, pues ‘se despilfarra el pan de los pobres’. Criticaba también las imágenes de los santos, porque esas figuraciones dispersan y substraen la atención sobre el único objetivo legitimo y verdadero: “encontrar a Dios a través de las Sagradas Escrituras”. Y aconsejaba: “el verdadero amor nace de un corazón puro, de una conciencia saludable y de una fe sincera. Buscar el bien del prójimo como si fuese nuestro propio bien es el mejor medio de conseguir la perfección cristiana”.

 En nuestras comarcas encontramos tres monasterios de estilo cisterciense: el Monasterio de Santa María y San Andrés de Arroyo, en Santibáñez de Ecla y el Monasterio de Santa Eufemia, en Cozuelos de Ojeda (ambos en el Valle de la Ojeda); y el Monasterio de Santa María, en Mave. En San Andrés, las monjas desarrollan la vida contemplativa, con una espiritualidad cimentada en la Regla de San Benito. El monasterio está ubicado en un amplio valle - alejado a 1km del pueblo de Santibáñez -, donde se contempla la naturaleza > la obra del Señor, y su silencio, así reza el encarte vocacional del convento. El monasterio recibió ese nombre por causa del arroyo contiguo, lugar donde según la tradición se encontró la imagen de San Andrés Apóstol, y en cuya honra se construyó el cenobio (1181). Su patrocinadora fue D. Mencía López de Haro, condesa de Lara e infanta de Castilla >  hija del rey Alfonso VIII (1155-1214) – El de las Navas de Tolosa- y nieta de D. Rodrigo González de Lara, y después abadesa del propio monasterio. La construcción ocurrió en un momento histórico de fervor religioso cuando numerosas fundaciones y construcciones de abadías cistercienses se diseminaron por el norte de la península Ibérica. Sus patrocinadores fueron reyes y familias poderosas cuyo objetivo era servirles de panteón o albergue para familiares, o para que alguien rezase por la remisión de sus pecados. El conjunto de edificios estuvo bajo la supervisión de la Abadía de Las Huelgas Reales (Burgos), la casa matriz. Curiosamente, este monasterio tardorrománico tuvo bajo su jurisdicción civil y penal 12 o 13 pueblos situados en su entorno, y actuando según se decía entonces como ‘señora de horca y cuchillo’. Entre estos pueblos se encontraban Alar del Rey, Prádanos de Ojeda, Perazancas, Amayuelas de Ojeda etc. El historiador Cayetano Enríquez de Salamanca sólo cita 11 localidades, pero desconoce nuestro pueblo, lo que parece extraño visto que los terrenos bajo la jurisdicción del monasterio eran continuos y, consecuentemente, Prádanos de Ojeda estaría entre ellos; también se olvida de Velilla, deteriorando parte de su credibilidad histórica. Según relatan historiadores de renombre, la influencia de este monasterio en la comarca de la Ojeda fue enorme. Muchas de las iglesias rurales de nuestros pueblos repiten los canteros y el gusto cisterciense de su decoración e iconografía típica. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional (1931). La iglesia, consagrada en 1222, se construyó en forma de cruz latina, con una sola nave y cinco tramos, crucero y cabecera triple. Pero la joya del monasterio es el claustro, emparentado con las Claustrillas de las Huelgas Reales (Burgos); su crujía oriental fue reconstruida en el siglo XVI. En el centro hay una fuente donada por el rey D. Pedro I de Castilla a la ciudad de Astudillo (Palencia).
El Monasterio de Santa Eufemia, en Cozuelos de Ojeda, también se reviste de gran importancia románica a través de la iglesia de Santa Eufemia de Cozollos (967), enclavada en la Ruta del Románico Norte -1; es Monumento Histórico-Artístico Nacional desde 1931. Parece ser el único vestigio de lo que fue el Real Monasterio de Monjas Comendadoras de Santiago; está ubicado en el término de Olmos de Ojeda (Palencia), en la carretera P-627 Burgos-Potes. Situase en un bello paraje de la vega del río Burejo, hoy  propiedad privada - ‘Granja de Santa Eufemia’, desde el siglo  XIX. Las monjas permutaron este monasterio y las tierras alrededor por fincas en Toledo (1502), siendo Comendadora Mayor del Monasterio, D. María de Castañeda. Tratase de un monumento de los más representativos del románico palentino: la iglesia es un edificio de equilibradas proporciones, con una nave central y tres ábsides semicirculares, crucero muy desarrollado y espadaña de tres vanos que alberga las campanas y dota de cierta majestad al conjunto. El claustro de arco apuntado es típico del Cister. Con impresionante calado en piedra, es de increíble belleza y perfección, y se apoya en cuatro columnas de fuste liso. Bajo el crucero hay dos sepulcros de piedra: uno, es de la infanta D. Sancha Alfonso, muerta en olor de santidad (1270), a los 80 años, tras una vida ejemplar – su cuerpo permanece incorrupto. En 1616 tuvo inicio el proceso de beatificación, pero no fue concluido por falta de datos históricos. No obstante, la iglesia le otorgó el título de Venerable. El otro, es de un caballero cruzado. Hay otros dos, de los cuales uno pertenece a alguien de la Casa de Aguilar. En verdad, estamos ante un monumento románico de primer orden, cedido históricamente por el rey Alfonso VIII al Maestre de Santiago, D. Sancho Fernández de Lemos (1186). Quien desee profundarse en mayores detalles sobre este monasterio puede recorrer a documentos on-line; ahí encontrará todo lo que busca.
A poca distancia, al sur de Aguilar de Campoó (10km), el Monasterio de Santa María de Mave (Palencia) –actualmente reconvertido en establecimiento hostelero: Hostería “El Convento” – se destaca por su iglesia románica como parte integrante de los monasterios benedictinos que sobrevivieron hasta la desamortización de Mendizábal (1836). El origen del monasterio es un misterio – ¿tendría origen germánico y aportación de canteros franceses?- , aunque su fundación está probablemente ligada a la reconquista de Mave a los árabes (754), por Alfonso I de Asturias - época en que se repobló esta zona. Por la Historia, sabemos que el monacato era repoblador y colonizador de hecho y de derecho. De cualquier forma, sabemos que D. Sancho García fundó el Monasterio de San Salvador de Oña (1011) para su hija Trigridia y, como dote, esta recibió el Monasterio de Santa María de Mave. Años después, D. Urraca devolvió el monasterio [situado en tierras de Aguilar, y perteneciente al patronato real] a la Villa de Oña (1121). En la época, el Monasterio de Mave tenía 4 monjes, pero de él dependían otros siete monasterios próximos. Hubo una gran reconstrucción en pleno siglo XVII cuando se edificaron el claustro y algunas dependencias. La iglesia románica es del año 1200, como consta en uno de los sillares del hastial. Posee tres naves, crucero y cabecera triple de ábsides semicirculares y bóvedas de cañón. El estilo é borgoñés y la estructura es cisterciense. La portada del hastial con arquivoltas formadas por baquetones recuerda los capiteles de San Andrés de Arroyo. La fábrica de la iglesia se hizo con grandes sillares que realzan aún más la monumentalidad del edificio. A su vez, la ornamentación fue suprimida deliberadamente no sólo debido a la influencia cisterciense, pero sobre todo para darle un aspecto noble y retumbante. Curiosamente, su gran capitel románico y que suporta el peso del altar no es originario de Mave, y si del antiguo Monasterio de Santa Eulalia de Villela. Un valioso retablo-antipendio románico está en el Museo de la Catedral de Burgos. Como estupenda posada rural, hoy el antiguo convento es  punto de partida para diversas rutas en busca de la Montaña Palentina.
Pero no sólo de iglesias y monasterios viven nuestras expresiones artísticas, y de las cuales nos tornamos herederos a lo largo del tiempo. Desde el siglo II, cuando Roma se tornó capital del imperio, existen restos arqueológicos que confirman la importancia histórica de nuestros pueblos y comarcas. La economía de Roma, transferida para todas las 46 provincias imperiales, se fundamentaba en la agropecuaria y en la artesanía, además de fomentar un próspero y frecuente comercio entre la capital y las demás provincias. En la península Ibérica, todos o casi todos los vestigios arqueológicos/artísticos suelen ocurrir en centros urbanos de alguna expresión. Así, con la ruralización del imperio Romano muchos patricios  o latifundistas en potencial dejaban la ciudad y pasaban a vivir en las villae o villas, originalmente casas rurales > varias edificaciones en el centro de un latifundio. Era un conjunto de propiedades campestres donde normalmente se concentraban las explotaciones agrícolas, aunque existieron villas romanas que no tenían trabajos agrarios. La casa residencial o domus disfrutaba de todos los conforts que la civilización romana ofrecía a los patricios o señores de Roma: termas, jardines, dependencias o caballerizas etc, además de las haciendas con diferentes cultivos (trigo, aceite y vinos). Estas villas poseían tres partes principales: la pars urbana > aquí vivían el dueño y su familia, conforme se tratase de patricios abastados, o sea, poseían agua canalizada, red de desagüe, sistema de calefacción central etc.; la pars rustica > ahí vivían y trabajaban siervos y esclavos; incluía dispensas y alojamientos de animales domésticos; y la pars frumentaria > instalaciones de uso común, como silos, cuadras, tenadas, almacenes, oficinas etc. A partir del siglo II, las villae se tornaron más sofisticadas y elegantes con patios internos y columnatas.
En nuestra comarca – por increíble que parezca -, la primera villa romana conocida  en la provincia de Palencia fue Villabermudo, a 1km de Prádanos de Ojeda y en su límite municipal. Es del siglo III dC, y aún conserva algunos mosaicos, pero como sucede con otros vestigios arqueológicos no están expuestos al público. Entre tanto, existen dos villas ‘rurales’ que merecen todo nuestro aprecio de geógrafo e historiador. Una es la Villa de la Olmeda, en Pedrosa de la Vega (cerca de Saldaña). Fue descubierta por Álvarez de Minanda (1968), cuando se dedicaba a las faenas del campo en terrenos de su propiedad ¡Ocurrió por puro acaso! Es un edificio bien estructurado, en torno de un patio rectangular con 25 estancias > aposentos recubiertos de mosaicos con dibujos vegetales y figuras mitológicas (dioses y héroes romanos) o de caza. El salón principal (o oecus) de 175m² conserva un de los principales mosaicos del mundo romano – una cacería de Ulises, en Skyros. Entre los objetos que más llaman nuestra atención están: herramientas de labradores y artesanos, utensilios de cocina (jarras, calderos etc); cerámicas (platos, vasos lisos o de decoración estampada, cuencos, etc); collares y otros adornos personalizados o ajuares diversos, encontrados en la necrópolis del lugar; y también monedas y atalajes de caballería en bronce – animales usados en cacerías o en la defensa de la villa, ofrendas funerarias, baños o termas, y objetos relacionados con el vestido, los juegos, la religión etc. Pero una cosa nos deja extremamente sorprendidos: los mosaicos polícromos, conservados hasta hoy in situ, que presentan extraordinaria perfección y belleza. Muchos de estos hallazgos pueden ser vistos en el Museo Monográfico de la Villa, en la iglesia de San Pedro/Saldaña, a 6km de la villa. Sin duda, todo ese material nos permite reconstruir aspectos del modus vivendi de sus moradores, tanto doméstico como agrícola y comercial. En 1996 fue declaro Bien de Interés Cultural y, en 2009, la reina D. Sofía inauguró las nuevas instalaciones de la Villa Romana de la Olmeda.
La otra Villa Romana de que tenemos noticias arqueológicas está ubicada en Quintanilla de la Cueza, en las inmediaciones de Cervatos de la Cueza >  carretera N-120, entre Carrión de los Condes y Sahagún (actual vestigio medieval del Camino de Santiago), a  solos 500 m de Quintanilla, en el Pago de Tejada, una alusión clara a los antiguos vestigios (tejas) que desde siempre afloraron en aquel lugar.
En esta villa romana dos aspectos sobresalen especialmente: la calidad y belleza de los mosaicos de sus estancias, y el buen estado de conservación del hipocausto > sistema de calefacción de las habitaciones con que contaba la villa en la época de auge y esplendor (siglos III/IV). Entre tanto, a lo largo del siglo V queda manifiesta la fase de decadencia progresiva, ora por falta de artistas musivarios sin tradición artística, ora por falta de recursos financieros sobrantes para aplicarlos en aquella práctica decorativa. El empobrecimiento de la villa está patente en los mosaicos deteriorados y no restaurados, mas apenas cubiertos por lápidas sepulcrales de piedra. Estas lápidas encubren, por ejemplo, las teselas perdidas en el magnífico mosaico de las Cuatro Estaciones. En la Villa Romana de Tejada llama la atención del visitante la variedad y conservación de técnicas utilizadas en el funcionamiento de los hornos, en general situados en la parte externa de las habitaciones a fin de calentar las diferentes dependencias de las casas/aposentos. A través de huecos y pilares localizados por bajo de los suelos, recuerdan nuestros métodos de caldear el ambiente dentro de casa, o sea, eses hornos son simplemente precursores de nuestras glorietas castellanas. También nos llama la atención el sistema de desagüe en las termas o baños, así como el alcantarillado de lo que sería un precedente de los actuales retretes en nuestros pueblos. Por lo visto, ya en aquellos tiempos, había preocupación colectiva con la higiene y cualidad de vida en los núcleos urbanos.
También en Terradillos de los Templarios [a poca distancia de la Villa Romana de Tejada], una  pedanía de Lagartos, en la comarca de la Vega/Valdavia y límites interprovinciales de León y Palencia, encontramos restos arqueológicos de una villa romana rústica. La historia de este promontorio en la carretera N-120 remonta al período tardorromano (siglos V/VI dC). Aquí una docena de arqueólogos encontraron un asentamiento o villa romana al estilo Olmeda y Pago de Tejada > este último, en Quintanilla de la Cueza. Aparentemente, sin gran valor histórico debido a su inusitada pobreza y abandono. En un terreno próximo al río Cueza, está documentada esa villa romana rústica. Con certeza, toda la comarca fue dominada por la IV Legión Macedónica, acantonada en Herrera de Pisuerga y encargada de vigilar todas las ‘calzadas romanas’ > entre la Tierra de Campos (Pallantia) y la actual Cantabria, en las guerras celtíberas contra cántabros y astures. A partir de Pallantia, el oppidum> área administrativa, más importante de esta región castellana, los romanos dejaron inúmeros asentamientos o campamentos militares, en general para acantonar a las tropas durante el invierno. En torno de Pirosaca (Herrera) la unidad dispuso de varios prata legionis (> puntos estratégicos) ej. Terradillos, Reinosa, Retortillo de Soria y Sasamón). Estos campamentos podían ser activos o pasivos, temporales o permanentes. Objetivo: controlar una zona importante a largo plazo. En la Edad Media, la calzada romana Burgos/Palencia/León fue ocupada por el Camino de Santiago > la Ruta de la Peregrinación a Santiago. Terradillos fue punto estratégico romano y medieval; y aun conserva un “albergue de peregrinos” con el nombre del último Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, acusado de herejía y mandado a la hoguera por Felipe IV de Francia (1307).  Terradillhos está cerca de Sahagún y tal vez por este motivo haya vivido a lo largo de los siglos las luchas, vicisitudes y guerras de romanos, visigodos, árabes y nobles castellanos. De hecho, con a caída del imperio Romano, al final del siglo IV, las villae se tornaron sedes de grandes latifundios, edificadas como casas de campo y a veces arrendadas a terceros o administradas por un supervisor (vilicus). Terradillos puede ter nacido a raíz de una villa rural, cujas edificaciones formaban parte de una propiedad agrícola.





terça-feira, 10 de julho de 2012

Prádanos de Ojeda: mi pueblo, cabeza de la Ojeda (4)

Quien visita nuestros pueblos y comarcas oye o escucha con frecuencia palabras de puro regionalismo. Por ejemplo, el término ‘cuérnago’ > desvío artificial de un río para irrigar parcelas de regadío; o ‘ensilado’ > método de conservación del forraje almacenándolo en lugar seco y cerrado. Hasta palabras comunes, retiradas del diccionario popular, adquieren en nuestros pueblos un sentido diferenciado ej.: ‘barbecho’ > tierra labrantía que no se siembra durante uno o más años, y se deja sin cultivo para descansar. Ya me referí a la palabra ‘cárcava’ > grande hoya o zanja que suelen provocar las aguas torrenciales. La palabra ‘parvas’ (plural) > caminos de sirga, a los lados de un canal, por donde transitaban las mulas tirando de las barcazas, es otro vocablo regionalizado. En fin, son términos usados por nuestros agricultores en sus faenas diarias, y que acaban por rotular esta importante actividad económica y de singularidad castellana indiscutible: la agricultura. En nuestras comarcas y pueblos, ella está firmemente arraigada y vinculada a factores naturales del medio geográfico - clima, suelo, altitud,  precipitaciones pluviométricas y localización:
   1) el clima es ‘mediterráneo’, del tipo semiárido, con medias pluviométricas de 600 mm/anuales; temperaturas entre 9º y 18,6ºC. El mes más frio es enero, y el más cálido es julio. El período de heladas es de casi 8 meses, siendo los meses más lluviosos mayo y noviembre. Estas características posibilitan buenas condiciones de humedad para la germinación de los cereales y leguminosas, una adecuada formación de los granos y tubérculos, así como un rápido y eficaz secado en los meses de junio y julio, cuando las parámetros de temperatura e insolación son más favorables;
   2) los suelos, con elevado porcentaje de arcillas característico de tierra de campos, un pH neutro o alcalino, bajo contenido de materia orgánica, valores normales en potasio y algo bajos en fósforo, aunque mayores que en las zonas limítrofes, y resistencia a la sequía, plagas y enfermedades. Son suelos profundos, ventilados, sueltos y de fácil manejo;
   3) la altitud es un factor determinante para caracterizar el clima de una determinada y área geográfica de cultivo, pues la insolación aumenta conforme la altitud. En consecuencia, cae la temperatura, ocurre mayor porcentaje de precipitación, hay menor presión atmosférica y vientos más fuertes, de acuerdo con el relieve del lugar. En realidad, la insolación aumenta de acuerdo con la altitud porque el aire es más puro (limpio) y seco, y también menos denso, permitiendo que los rayos solares (UV > menor extensión de onda) incidan con mayor intensidad. Así cuanto menor es la intensidad del aire, menor la presión y, por pertinencia, la atmósfera se torna menos densa, ocasionando temperaturas más bajas. Por  eso, cuanto más alto, más frío es el aire – a cada 100 m la temperatura cae 0,6º C. Este factor hace con que la amplitud térmica/anual en nuestros pueblos sea pequeña;
   4) la precipitación pluviométrica es otro elemento influenciado por la altitud. Cuando una masa de aire se aproxima de la montaña (o conjunto de montañas), ella es obligada a subir, provocando temperaturas más bajas y aumentando la precipitación. Pero a partir de determinada altura, los efectos son inversos > las lluvias se tornan más raras y escasas;
   5) la localización o posición del lugar (pueblo, monte, valle etc) determina la humedad y el porcentaje de lluvia. Localidades y campos en la dirección del viento > barlovento, son más húmedos, en cuanto los lugares de sotavento > protegidos contra el viento, son más secos. Un caso geográfico de efectos catastróficos llama nuestra atención: Cherrapunji, una ciudad de 10 mil/hab., en el estado de Meghalaya > al nordeste de la India, frontera con Bangladesh. Localizada en una región montañosa, de frente para los monzones marítimos, recibe lluvias intensísimas de 11.400mm/año. En 1861 recibió 26.460mm de lluvia; sólo en el mes de julio fueron 9.300mm. Es considerado el lugar más húmedo/lluvioso de la Tierra. Mawsynram, un pueblo a 16 km de Cherrapunji ya registró aún mayores índices pluviométricos. Un geógrafo afirmaba: por todos estos factores se torna difícil clasificar las zonas de clima de altitud (más de 850 m), como es el caso de Prádanos de Ojeda y las comarcas de Boedo/Ojeda que poseen altitudes medias de 950 metros. El punto más alto de prádanos es Peña Pico con 1.180m de altitud.
Por otro lado, la agricultura siempre fue la base económica - y en la práctica, única renta de nuestros pueblos. Si existen algunas diferencias comarcales son más bien de pequeño porte y de carácter meramente metodológico: más intensiva en la Vega debido a las prácticas hortofrutícolas de regadío; más exclusiva y cualificada en la Ojeda por causa de sus suelos profundos y oreados ej.: los cultivos de patatas y ajos de siembra son ejemplos de culturas actuales. Ya en las comarcas de Valdavia y Boedo, por ser tierra de secano y presentar suelos pobres y compactos, su agricultura está frecuentemente envuelta en problemas de recesión, y las cosechas de sus campos se mantienen irregulares, exactamente debido a esos dos factores: no son cultivos intensivos, pues los suelos acostumbran ser pobres [a veces esqueléticos] y, consecuentemente, la producción está bastante limitada. Sin embargo, no podemos generalizar estas prácticas agrícolas en nuestras comarcas y pueblos, dadas la mecanización del campo y subsecuente reducción de mano de obra cualificada y, principalmente, la migración constante de la juventud local que no acepta más el trabajo difícil y sin mayores expectativas de la tierra solariega y, ciertamente, la desvalorización del producto en los mercados nacionales e internacionales.

A pesar de tantos inconvenientes y dificultades surgidos a lo largo del tiempo, los agricultores y labradores de nuestras tierras han sabido adaptarse a las nuevas tendencias y productos exigidos por los mercados consumidores. Actualmente, vemos cultivos industriales ej.: remolacha, patatas, ajos, etc. donde antiguamente sólo se cultivaban cereales o productos de huertas alrededor de nuestros pueblos. Los montes o bosques mixtos son otras áreas totalmente modificadas, pues laderas y cuestas tienden a ser reforestadas con perspectivas de utilización de la madera para fines industriales, así como el aprovechamiento más refinado de los llamados frutos del bosque, como leñas, hongos y setas comestibles, producción de miel, recolección de plantas (aromáticas, medicinales, tintóreas etc), bayas y frutos [raíces, hojas y flores] arbustivos, utilizados en licores, mermeladas, ungüentos, aceites, jarabes etc. Semejante a la comarca de Boedo en sus prácticas y métodos agrícolas, la comarca de Valdavia desarrolla una agricultura extensiva de secano, de bajos rendimientos, y utiliza pequeños pastizales para una ganadería en declive. En los terrenos y laderas más próximos a los valles y, por eso, con suelos más frescos y oreados, se cultivan los cereales de tradición (trigo, cebada y centeno) en sistemas rotativos.

 Actualmente, los municipios son ocupados por  repoblaciones forestales de pinos, así como sotobosques de coníferas y frondosas (> árboles de sombra, en general fructíferas) que sustituyen al centeno en los páramos y a los pastizales otrora dedicados a los rebaños ovino y caprino. Hace tiempo se vive en épocas de retracción y despoblamiento en determinados lugares: la Valdavia es uno de ellos. Las tierras de regadío están limitadas a las estrechas riberas de simples y diminutos arroyos donde aún se mantienen los tradicionales setos y lindes debido a su riqueza ecológica, biodiversidad vegetal y refugio de  animales de caza. Sobreviven los chopos, acacias falsas y olmos en los bordes de arroyos, carreteras y caminos vecinales. Ya la Vega de Saldaña y Carrión de los Condes, diferentemente de la comarca de Valdavia, es una región eminentemente agrícola, con suelos húmedos y planos, una coincidencia geográfica que facilita la dispersión del agua retirada del río Carrión y sus persistentes regadíos a través de las llamadas acequias de riego tan diseminadas en la comarca, y alimentadas por los famosos cuérnagos de nuestros pueblos. En estas áreas la agricultura se tornó la más intensiva y productiva de la provincia de Palencia. Saldaña, por ejemplo, pasó a ser conocida en España entera y hasta en el mercado europeo por sus alubias blancas > la Net Rural así las define: leguminosas tremendamente aromáticas. En la boca presenta un sabor suave y apenas se aprecia la piel. El conjunto de estos y otros factores proporcionan una gran calidad sensorial al producto final. Es sabido que la legumbre tiene más proteína que ningún otro alimento. Posee mucha cantidad de fibra que favorece el funcionamiento intestinal y previene el cáncer de colon. Además, completo yo, contiene gran cantidad de sales minerales > hierro, vitaminas y ácido fólico, eliminando el colesterol y dando excelentes resultados para los hipertensos. Sólo el precio > 6,46 euros por 1kg, causa escalofríos y irritación.

En realidad, la Ojeda y la Vega de Saldaña/Carrión de los Condes son las comarcas que más se adaptaron a las nuevas tendencias del mercado consumidor, y donde la agricultura palentina se tornó más exclusiva y especializada en determinados productos > patatas, maíz, ajos, remolacha y plantas forrajeras como alfalfa, trébol etc., en grande parte consumidas por la ganadería local. Circunstancias adversas, entre tanto, convirtieron muchos de sus terrenos en sotobosques de chopos, álamos, sauces etc., aunque las tierras más próximas a los arroyos continúen siendo aprovechadas para fincas de regadío. En otros lugares, al norte de la comarca, la repoblación forestal acabó sustituyendo al monocultivo del centeno, una cultura tradicional de luengas datas en aquellos pueblos. De cualquier forma existe una clara distinción entre los pueblos del norte de nuestras comarcas y los pueblos más en contacto con la Tierra de Campos al sur. En el norte, prevalecen los terrenos de regadío: en laderas y cuestas alomadas más suaves los regadíos se hacen por aspersión, cobertura total, pivots e potentes cañones de dispersión y riego. Estas técnicas actualmente están por todas las partes y con grandes resultados a corto plazo, pues ocupan y dan lugar a cultivos industriales y ensilados con destino al engorde del ganado vacuno. En el sur, al contrario, prevalecen las pequeñas explotaciones de huertas > tomates, borrajas (protege del cáncer de estómago), lechugas, zanahorias, alcachofas, ajos pepinos o cardos, productos estos en consonancia con la llamada dieta mediterránea, y los invernaderos > viveros de plantas para jardinería, tratamiento paisajístico y cultivos agrícolas especializados, con resultados muy  apreciados en la región y en el resto de la provincia.

Otra fuerza económica en las comarcas y pueblos de Palencia es, por circunstancias de la tradición, la pecuaria o ganadería. Hasta pocos años atrás, en nuestros pueblos de la Montaña Palentina, los agricultores de cereales se tornaban necesariamente pequeños ganaderos de vacas, bueyes y caballos, mulas, burros, cerdos y, principalmente, cabras, ovejas y carneros. Todo este ganado servía apenas como elemento indispensable a las tareas del campo, y otra manera eficaz de completar la renta familiar. Rebaño propiamente dicho sólo el ovino ( y si posible, de raza merina) y caprino, que en mis tiempos de niño, en Prádanos de Ojeda, llegó a ser considerable, pues si mal no recuerdo contaba con seis rebaños de más de 300/400 cabezas cada uno. Quedó gravado en mi memoria un viaje a Herrera, con mi padre y un tratante – me acuerdo hasta del día de la semana > un miércoles, día de feria) para vender en un stand local  más de 150 reses. Por la primera vez vi el río Pisuerga,  en un recodo ancho y sosegado de la carretera. Nunca me olvidé de aquel instante de deslumbramiento y miedo delante de tanta agua.
Efectivamente, los rebaños de cabras, ovejas y carneros tenían y tienen finalidades mercantiles incontestables: la producción de lana, pieles, leche, crías y carne de corte. En Prádanos, uno de los dueños de rebaños, de ascendencia manchega, mantenía una carnicería en el pueblo. Había también tenadas > cobertizos que se hacían para resguardar y abrigar los ganados, ora en el campo al descubierto – hechos con leña y pajas largas para que no penetrara la lluvia -, ora dentro del pueblo - verdaderos galpones de albañilería con abrevaderos, pertrechos y demás exigencias propias de los rebaños ovinos – que los pastores cuidaban con grande esmero. Por otra parte, la historia del pastoreo de ovejas dejó vestigios sólidos en las rutas trashumantes en muchos países de Europa. Esas rutas se convirtieron en verdaderos corredores económicos, impulsando las actividades comerciales, el alojamiento y restauración de las ventas, las labores complementares a la cría del ganado y una infinidad de beneficios domésticos a los pueblos por donde obligatoriamente pasaba el rebaño.
El ecologista Fernando González-Bernández (1991) reconocía: ‘el paisaje del pastoralismo constituye en estos momentos el primer recurso natural para la UE y otras áreas desarrolladas del mundo’. Hasta hoy, el estilo de vida de los pastores de ovejas no ha cambiado substancialmente en España, pero el entorno socioeconómico de la figura clásica del pastor sí ha mudado y mucho, de tal manera que el contexto cultural del pastoreo se ha infravalorado. El status social del pastor de cabras y ovejas actualmente está deteriorado de modo significativo. La contratación de inmigrantes o de personas pobres en esta profesión y los sueldos muy bajos, casi miserables, ofrecidos por los dueños del rebaño, ha creado una situación de exclusión social ligada al pastoreo. El aislamiento de los pastores, característica natural de la profesión en muchas zonas rurales, hace con que las mujeres no se casen con pastores, alejando aún más a los jóvenes del pastoreo como forma profesional de alcanzar un futuro digno y de aceptación social. Existe el peligro de subestimar y eventualmente perder un patrimonio cultural tan rico e importante para la gestión sustentable de los recursos naturales. El Comité Para Agricultura y Desarrollo Rural da UE sustentaba: las ovejas y cabras viven en áreas dotadas de suelos de menor calidad; su cría es esencial para la economía rural da UE, pues estimula, al mismo tiempo, la creatividad artística y artesanal, promueve el turismo, mejora la sostenibilidad medioambiental relacionada con la cría del ganado ovino y caprino,  fomenta la identidad social de las áreas montañosas y fortalece las actividades culturales – rede de museos y centros de interpretación sobre la cría del ganado y la vida pastoril, publicaciones, exposiciones y conferencias, encaminadas a aumentar la concientización entre los ciudadanos y los etnógrafos sobre el valor de dicho patrimonio. De hecho, si medidas socioeconómicas no fueren tomadas, existe el peligro de socavar el valioso patrimonio que rodea la actividad pastoril, un patrimonio que puede perderse para siempre.

En lo que concierne a los rebaños de nuestras comarcas, sabemos que durante siglos la trashumancia de rebaños de ovejas marcó muchos pueblos palentinos y sus habitantes, pues diversos estamentos sociales se envolvían con ella o dependían de esta actividad primaria: dueños de rebaños (> mantenían carnicerías bien surtidas), comerciantes en general, propietarios de dehesas, carreteros y otros profesionales de apoyo, los propios pastores y sus familias, etc. El paso de los rebaños se hacía a través de cañadas, cordeles y veredas, todos ellos auténticos corredores económicos y origen de nuestras carreteras y caminos vecinales. El Guía de Recursos Ambientales resume el aporte contemporáneo de esta actividad ganadera: actualmente, se trata de conservar y proteger estas vías > cañadas, cordeles y veredas, ya que constituyen un patrimonio de indudable valor cultural y económico por varias razones: son el origen de nuestra redes viarias; además de utilizarse como vías agropecuarias, presentan un gran valor turístico como enlace entre Espacios Naturales de interés. También son idóneos para usos ecológicos como corredores culturales y deportivos de alcance nacional. En nuestros días, cada comarca procura dar un sentido y valor a los diferentes ‘rebaños’ tradicionales. En general, donde la agricultura se tornó más excluyente e intensiva, la ganadería siguió esa práctica colectiva, incluso en sistema de arrendamiento de parcelas agrícolas con vistas a la producción de cereales, plantas forrajeras y heno ensilado para alimentar los diferentes rebaños

Hoy existe una tendencia a modernizar las explotaciones ganaderas. A través de granjas, principalmente estabuladas y lecheras, se procura economizar en pastos, alojamientos y salas de ordeña, seleccionando determinadas razas con gran capacidad productora de leche, así como existen también controles higiénicos y sanitarios totales y sofisticados de primera clase. En la Vega de Saldaña y adyacencias y en varios pueblos de la Ojeda se localizan las mayores granjas de España en número de cabezas de ganado vacuno, productoras de leche y de carne [terneros lechales] de primera cualidad, bien tratada y con marca internacional de control severo, de acuerdo con las normas condicionantes del mercado consumidor cada vez más exigente. Incluso, en régimen de cooperativas, lo que hace con que el ganado llamado vacuno de cebo (estabulado) se torne aún más rentable. Ya en las comarcas de Valdavia y Boedo, se sobresale la ganadería extensiva, principalmente en las regiones más al norte donde se aprovechan los pastos dejados por los rebaños ovinos, hoy en franco declive o casi en extinción. En realidad, los rebaños de  ovejas y cabras son muy reducidos – no llegan a tener cien cabezas por dueño. Motivo pincipal: el  hecho de que no existen más pastores, como antiguamente, en actividad. Así, a medida que los pastores de edad se jubilan ( > la figura del pastor clásico está en extinción), los rebaños desaparecen igualmente. Y la tendencia, según opinan los especialistas, es su desaparecimiento total visto que se trata de una actividad considerada ‘dura y poco rentable’. Entre tanto, el presidente de ANCHE – Asociación Nacional de Gado Ovino Selecto de Raza Churra, Eduardo Páramo Sánchez, tiene una opinión técnica y actual a cerca de los rebaños ovinos en España (2009): las cosas no parecen hayan cambiado demasiado, más bien continúan igual o peor. Al analizar la situación del sector se comentaron algunos de los problemas por los que pasaba y sigue pasando la oveja en general y la churra (> raza ovina castellana) en particular […]. Todos somos conscientes de la situación tan delicada por la que atraviesa el sector ovino, con una reducción importante en el consumo de carne, así como la bajada de precios tanto en leche como en carne […]. Cualquier situación que atente a nuestros intereses supone ahondar aún más la precaria situación en que nos encontramos. Es por ello que seguimos y seguiremos luchando, tratando defender nuestros intereses, aun cuando los que nos prometieron su ayuda han olvidado con tanta rapidez su promesa […]. Por lo visto nuestros problemas son poco importantes y no merecen su consideración. Esta asociación sí tiene motivos para la esperanza: seguimos creciendo pese a todo… El aumento de ganaderos supone un incremento importante en el número de actuaciones que deben llevar a cabo. Pero tendremos que seguir trabajando por nuestra oveja churra, convencidos de que pese a todo merece la pena.

La raza churra por la cual lucha el presidente de ANCHE, así como las razas merina, lacaune y assaf, es una raza importante (> originaria de Castilla y León), tanto por su alta especialización lechera, como por el elevado censo de que dispone. Es una de las razas más primitivas de España, aunque durante años estuvo oscurecida por la preponderancia de la raza merina. Pero siempre tuvo un alto significado económico en las explotaciones agrícolas de Castilla y León. Y cabe resaltar su participación en el desarrollo de la ganadería ovina de América. La raza churra se circunscribe a las provincias de Palencia, Valladolid, Burgos, León y Zamora. En 2000, era la primera en número de cabezas de las razas nacionales con un censo de 1.500.000 de cabezas (9,5% de la población ovina española) y la primera también en producción de leche y rendimientos brutos por animal/año. Su núcleo principal estaba en Tierra de Campos y Cerrato (Palencia/Valladolid). De temperamento vivo, resistente, andadora y precocidad sexual, la oveja churra busca alimento en condiciones adversas; su rusticidad, facilidad de adaptación y manejo, la tornan altamente especializada en producción de leche y, en consecuencia, la más rentable. Las ovejas churras han superado medias de 240 litros/120 días de lactación y producciones superiores a 300 litros/cabeza.

Entre tanto, los rebaños de ovejas de nuestras comarcas y pueblos son de raza merina, la más extendida en el mundo. Su origen es incierto, pero según reza la tradición el propio nombre indicaría su procedencia > benimerines o banu-marin, de Marruecos. Otros piensan que el nombre deriva de los ‘merinos’ reales de León que pasaban, de pueblo en pueblo, cobrando los diezmos de la lana, cecina y queso. En la actualidad,  Australia – ¡aquí hay más ovejas que gente a razón de 100 ovejas por persona! -, Argentina y EUA poseen los mayores rebaños del mundo. La raza merina de nuestros pueblos es compacta, de cuello y patas cortas; su lana es larga, fina y rizada. La importancia en la industria textil está en la confección de sacos, cobijas, ruanas, guantes, calcetines, suéteres etc. La esquila – se hace una vez al año - es el corte del pelo para el aprovechamiento de la lana, y puede hacerse a mano con tijeras (esquila manual) o con máquina (esquila mecánica). Las lanas más valiosas proceden de animales con 3 a 6 años, siendo que cada oveja produce por año entre 1 y 3 kg de lana fina y entre 2 y 6 kg de lana gruesa, según la raza ovina. El Guía de Recursos Ambientales, nos dice que ‘solo quedan [algunos] rebaños importantes en casi todos los pueblos de la Ojeda, donde en conjunto suponen unas 12 mil cabezas’. En la Vega de Saldaña Y Carrión ocurren también explotaciones mixtas, de ganado vacuno y de ovejas/cabras, pero la tendencia actual es el desaparecimiento puro y simple de nuestras comarcas y pueblos. Existen otros ‘rebaños’(¡!) regogidos y alimentados en pequeños corrales (caballos, cabras, cerdos, gallinas y conejos), aunque todos ellos abastecen apenas el autoconsumo o divertimiento de sus dueños. Hay igualmente granjas intensivas - puercos en Saldaña, avestruces en Villafuente (a 46 km de Palencia) y animales de caza en Báscones de Ojeda -; sólo atienden a mercados específicos. El rebaño 'caprino’ (cuando existe) vive mezclado a los rebaños de ovejas aún sobrevivientes, y solo por gusto o utilidad de los propios pastores.