sexta-feira, 27 de setembro de 2013

San Cristóbal - patrón de Pránados de Ojeda (2)




                San Cristóbal está entre los ‘14 santos auxiliadores’ así considerados por haber sido particularmente eficaces al ‘responder a las invocaciones’ que los fieles cristianos les han dirigido a lo largo de los siglos. Generalmente se les representa en grupo (foto), y su culto es de origen germánico. Son los siguientes: 1) san Blas (3 de febrero) = obispo y mártir: contra los dolores de garganta y atoramientos del sistema respiratorio; 2) san Jorge (23 de abril) = mártir;  cura de los animales domésticos; 3) san Acacio (8 de mayo) = mártir: contra los dolores de cabeza; 4) san Erasmo (2 de junio) = obispo y mártir: contra las enfermedades intestinales; 5) san Vito (15 de junio) = mártir: contra epilepsia; 6) santa Margarita (20 de julio) = virgen y mártir: contra dolores de parto; 7) san Cristóbal (25 de julio) = ermitaño y mártir: contra la peste bubónica y dolor de dientes; 8) san Pantaleón (27 de julio) = obispo y mártir: invocado por los médicos; 9) san Ciriaco (8 de agosto) = diácono y mártir: contra las tentaciones a la hora de la muerte: 10) san Gil/Egidio (1º de septiembre) = ermitaño y abad: contra la peste y hacer buena confesión; 11) san Eustaquio (20 de septiembre) = mártir: contra disputas familiares; 12) san Dionisio (9 de octubre) = obispo y mártir: contra dolores de cabeza; 13) santa Catalina de Alejandría ( 25 de noviembre) = virgen y mártir: contra la muerte súbita; 14) santa Bárbara (4 de diciembre) = virgen y mártir: contra fiebres, muerte súbita y tormentas eléctricas con la invocación ‘Santa Bárbara doncella, líbrame de la centella’. La Virgen María como María Auxiliadora está incluida en esta lista porque se cree piadosamente que Nuestra Señora, como Madre de Jesucristo y de la Iglesia, acude en socorro de aquellos que la necesitan e invocan en las más difíciles situaciones de la vida. Y claro, por ser de origen germánico, no constan en esta lista santos o santas también muy invocados por el pueblo cristiano como santa Rita de Casia, santo Antonio de Padua, san Judas Tadeo, san Francisco de Asís, santa Eduwigis etc, además de los numerosos santos nacionales o regionales celebrados en los cinco continentes ej.: san Patricio, en Irlanda o san Genaro en Italia...
       San Cristóbal de Licia no solamente es venerado por los católicos, también por ortodoxos, luteranos, anglicanos y umbandistas (en el sincretismo afro-brasileño equivale a xangó  =orixá más celebrado y respetado’). De San Cristóbal a pesar de ser uno de los santos más populares del mundo cristiano sabemos muy poco sobre su vida y obra misionaria. Y la iglesia católica aunque aprueba su devoción le retiró del calendario litúrgico, argumentando que nada o casi nada de histórico se sabe sobre la vida y muerte de nuestro santo. La iglesia declaró en 1969 que la celebración y conmemoración de san Cristóbal no posee tradición romana, pues su inclusión en el Martirologio ocurrió en 1550, y estuvo limitada apenas al calendario romano por pura tradición pero sin comprobación histórica y científica. Los datos llegados hasta nosotros a través de la Aurea leyenda son una compilación de historias edificantes y vidas ‘místicas’ de santos, escrita en pleno siglo XIII. La propia leyenda de san Cristóbal, recogida en la obra de Jocobo de Vorágine (1230-1298), es de origen griego, inserida muy probablemente en el calendario romano, más o menos en torno del siglo VI. Posteriormente, ya en el siglo X, se había extendido por Inglaterra, Francia, Alemania y Países Bajos… Originalmente, san Cristóbal fue apenas un mártir y como tal registrado en el calendario litúrgico de Occidente. Incluso, habría entrado en los festejos litúrgicos y celebraciones patronales como una idea o símbolo  meramente espiritual, o sea, como ‘aquel que lleva a Jesucristo en el corazón y en el entendimiento’. Esta explicación mística habría tomado con el pasar de los años un sentido cada vez más literal en torno de los siglos XII/XIII, acabando por identificarla con el santo mártir de Licia (¿!?). Hasta el hecho concreto de ser llamado ‘gran mártir de Cristo’ puede haber dado origen a su estatura sorprendente de ‘12 codos’, un absurdo en términos reales porque supondría un hombre de 5m de altura visto que el ‘codo’ normal como medida de longitud equivale a 0,42cm. Lo que convengamos es humanamente imposible. El niño y su peso descomunal así como la travesía de un río peligroso y turbulento pueden ser elementos ‘decorativos’ acrecentados como una manera de identificar las probaciones y luchas del ser cristiano en sí mismo, pues lleva consigo el yugo de Jesucristo que es leve con la ayuda de la gracia de Dios, pero enormemente pesado sin la unión con lo divino. A pesar de que ocurrió la canonización formal de san Cristóbal en el siglo XV, muchos santos fueron declarados canonizados vía vox populi, sin base histórica y documental. ¿Sería el caso del patrón de Prádanos de Ojeda?
          No, yo no lo creo, porque en la vida y muerte de nuestro santo patrono existen muchos datos de relevancia que se combinan perfectamente, y son de una realidad sorprendente para los estudiosos de hoy. Sería difícil inventar datos tan concretos de geografía, historia romana y eclesiástica, nombres toponímicos, hechos delimitados, nombres cualificados por la Historia Universal muy difíciles de ser tergiversados por personas que con absoluta certeza no estaban interesadas en engañar (y ni sabrían hacerlo) o inventar devociones populares cuando ya existían tantas otras. Además, sabemos que toda leyenda tiene un fulcro verdadero. Los ropajes posteriores acaban por adornar y enfatizar un poco más la vida de los santos, pero no a punto de inventar su realidad histórica. Como es costumbre decir en España ‘lo que la naturaleza no da, difícilmente Salamanca empresta’. Así podemos parafrasear esta idea en relación a san Cristóbal: si realmente no hubiese existido este santo en la historia de la iglesia, sería difícil inventarlo con tantos detalles históricos y lugares reconocidos por la geografía local. Además san Cristóbal se tornó un santo muy popular en el mundo entero, siendo reverenciado por atletas, marineros, viajantes, barqueros, etc, todos ellos profesionales que no tienen nada de sofisticación estudiada a lo largo del tiempo. Tratase de gente humilde y abierta al mundo sin necesidad de buscar leyendas para pedir protección. Ahora, que existen algunas contradicciones en la vida del santo eso también es verdad, y con precisión la crítica moderna podrá esclarecerlas para evitar confundir a san Cristóbal de Licia con otros santos homónimos lo que realmente torna el asunto aún mucho más complejo de lo se imagina.  
          A comenzar por la tradición ortodoxa que describe a san Cristóbal como un hombre corpulento y gigantesco cruzando un río con un niño en los hombros apoyado en un báculo especial, un bárbaro de singular tamaño proveniente de una tribu bereber, que fue ejecutado en tiempos del emperador Decio (201-151): ‘por predicar la religión cristiana en sus dominios y realizar numerosos milagros de hechicería y encantamiento’. A través de diversas consultas, la referencia al martirio de san Cristóbal en tiempos de Decio no parece ser coetánea con la realidad histórica. Decio considerado por los escritores cristianos como ‘ese feroz tirano’ fue emperador apenas por dos años (249-251 dC), ‘forzado a asumir las duras tareas del gobierno, a pesar de su renuncia y mala gana’. De hecho, el emperador Decio emitió un edicto intentando suprimir el cristianismo como forma de reafirmar su propia visión conservadora de la pax romana, y dar a los ciudadanos de Roma la impresión de que el imperio estaba seguro. Sin embargo, el edicto de Decio provocó contrariamente ‘una terrible crisis de autoridad cuando varios obispos cristianos y sus rebaños reaccionaron a él de diversas maneras’. Una serie de destacados cristianos rechazaron hacer sacrificios a los dioses paganos y fueron todos ejecutados en el proceso, incluso el propio papa Fabián (250). Pero se dice que los ‘sentimientos anticristianos llevaron aquella cacería de modo especial a los fieles de Cartago y Alejandría’, por lo tanto muy lejos y distantes de Licia. Incluso consta que hacia el segundo año del reinado de Decio ‘la ferocidad de la persecución anticristiana había disminuido, y la tradición precedente de tolerancia había comenzado a reafirmarse’. Pero la iglesia romana nunca olvidó el reinado de ese emperador cruel y feroz tirano. En realidad, muchas muertes atribuidas a la persecución anticristiana fueron ocasionadas por la peste antonina -su ponto álgido ocurrió precisamente en 251 a 266: en Roma, ella llevó unas 5 mil personas por día. De todas las formas, Decio fue un emperador insensible y cruel como lo demostró a la muerte del hijo en una batalla: ‘que nadie llore; la muerte de un soldado no es una gran pérdida para la república’. Curiosamente, fue el único emperador romano a morir en los campos de batalla, en Ludogorie/Bulgaria. Y terminó sus días junto con la familia investido de ‘damnatio memoriae’.   
              Por todo eso, soy a favor de encuadrar los acontecimientos de la vida y muerte de san Cristóbal en el gobierno de Diocleciano, este sí un imperador romano que hizo cuestión de ser ‘matador y asesino’ de cristianos por motivos políticos y, sobre todo por su carácter militar tiránico, acusando al cristianismo por todas las desgracias que estaban aconteciendo en  las fronteras del imperio. Con más sofisticación que su antecesor (aunque no inmediato), llevó la persecución a todos los extremos territoriales del imperio Romano, especialmente a la región donde se dice que actuó san Cristóbal, en Janto y Licia (actual Kinit, en la provincia de Antalya/Asia Menor). De hecho, la mayor parte de los mártires de la actual Turquía (Asia Menor) fue atribuida a los esbirros de Diocleciano, dueño y señor del imperio de Oriente. Además fue exactamente en su gobierno que se produjo la llamada tetrarquía (o gobierno de los cuatro: dos augustos y dos césares) = cada emperador tenía autoridad sobre una cuarta parte  del imperio, aunque se tratase de un gobierno único. Diocleciano defendió todas las fronteras imperiales de Oriente y masacró cualquier tentativa de poder en ellas. Además, reorganizó las divisiones provinciales (civil y militarmente), impulsando el mayor y más burocrático gobierno de la historia romana. Diocleciano crió los cuatro centros administrativos del imperio: Nicomedia, Milán, Tréveris y Antioquía/Siria = esta capital imperial más o menos próxima al teatro de los acontecimientos en estudio como lo fue también Nicomedia. En tiempos del imperio Romano, Antioquía llegó a tener 500 mil/habitantes, siendo la 3ª ciudad más poblada del mundo, tan sólo superada por Roma y Alejandría, con epítetos nunca oídos anteriormente: la ‘Reina del Oriente’ o la “Dorada Antioquía’ en alusión a su gran opulencia. Se decía que la apariencia externa de la ciudad impresionaba a los visitantes. Durante mucho tiempo, Antioquía mantuvo su importancia militar, comercial y política. Su opulencia y riqueza alcanzaron gran fama, así como la liberalidad de sus ciudadanos y su ‘frivolidad’ e indiferencia. Antioquía ocupó un lugar preeminente en la historia del cristianismo: en su sinagoga, san Pablo predicó el primer sermón y los seguidores de Jesucristo fueron llamados por la primera vez de cristianos.
                  Diocleciano fue el primer imperador romano a abandonar Roma como capital, ejerciendo el gobierno a partir de Nicomedia/Asia Menor, a unos 100km de la conocida Constantinopla o Estambul, donde fuera aclamado como emperador, y también próxima de Janto ciudad donde san Cristóbal pasó la mayor parte de su vida. Curiosamente, Janto, según Estrabón, fue la mayor ciudad de Licia. Se dice que Diocleciano debió visitar Roma una o dos veces cuando mucho. Como podemos observar, todos estos elementos recuerdan escenas de la vida de san Cristóbal, incluso su origen cananeo, si bien esta palabra presenta un aspecto asimismo polémico: se piensa que Jocobo de Vorágine configuró a nuestro santo con aspecto perruno porque confundió, equiparó o hizo derivar los términos cannaneo y cannis (perro) del mismo radical y con el mismo significado, lo que es inaceptable tratándose de un arzobispo culto y buen escritor. Diocleciano se especializó también en perseguir a los cristianos a través de cuatro edictos, cada vez más exigentes e intolerantes con el cristianismo: rehabilitó las viejas tradiciones latinas, incentivando el culto a los dioses paganos, y patrocinó la última y más violenta persecución contra los cristianos: fue llamada era de los mártires y, por esta razón, yo pienso que san Cristóbal no fue ejecutado en tiempos de Decio, y sí en el gobierno de Diocleciano, enemigo mayor de los cristianos, y por mucho más tiempo su gran verdugo. Entre  301 y 305 (año de su muerte), las persecuciones originaron mucha antipatía contra el emperador, pues había una población ya bastante cristianizada, especialmente en el Oriente donde Diocleciano y Galerio gobernaban de modo directo. Con todo, aquí hubo algunos funcionarios imbuidos de celo administrativo y ardor suficiente para garantizar las persecuciones violentas contra los cristianos de Asia Menor; el prefecto Dagón debe haber sido uno de ellos. Aquí aparecen muchos mártires famosos y populares: san Jorge, san Sebastián, san Marcelo… y, san Cristóbal, ciertamente. San Sebastián, patrón de Rio de Janeiro, por ejemplo: fue soldado del ejército romano y del emperador Diocleciano, igual a san Jorge, otro soldado romano de la misma época y también ciudadano de Asia Menor.              
              Y más aún: de la historia y vida de san Cristóbal hasta el nombre se ha colocado en discusión, pues no se conoce a nadie con el nombre Christophorus en el mundo greco-romano, ni en cualquier texto que nos reporte a este llamamiento helenístico o de otro idioma; parece ser inventado de propósito. Se dice que era muy feo, horroroso de llamar la atención, semejante a los ogros de cuentos de hadas, lo que determinó su presentación pictórica con cabeza de perro en transformación cinocéfala. Este ícono de san Cristóbal le muestra parecido al dios perro o chacal egipcio Anubis, ancestro mítico de san Cristóbal. Hijo de Néftis = diosa del desierto y mujer del malvado Seth, con Osiris, su hermana (así como la propia Isis) = el dios egipcio , asociado a la vida y a la muerte,  responsable sobre todo por ‘resucitar’ y proteger la vida agrícola en torno del río Nilo cuando la seca mataba a todo ser viviente. Osiris a su vez era hijo de Geb (dios de la tierra) y de Nut (diosa del cielo). El dios Osiris -‘el más popular de los dioses egipcios’- tendría enseñado a los hombres, a través de las aguas del Nilo, las técnicas necesarias para dar nueva vida (‘resucitar’) a la agricultura y domesticación de los animales.  Interesante, el formato de Anubis, las aguas del Nilo, el desierto y la travesía de una a otra orilla del río (la vida y sus peligros), el propio cayado o báculo singular etc., son elementos míticos de la vida de san Cristóbal. Parece que una trama admirablemente urdida de puro simbolismo se desenvuelve en la vida del santo de Licia. Tal vez por todos estos datos y símbolos se coloque en discusión la propia historia de san Cristóbal.
        Existe una leyenda mitológica egipcia donde podemos encontrar algunos ‘rasgos’ de san Cristóbal: Seth, hermano de Osiris, gobernaba el desierto, situación que no le agradaba. Envidioso, un día le convidó a un banquete: en la fiesta, Seth mostró una caja (sarcófago) muy valiosa y prometió entregarla a aquel que en ella cupiese; todos lo tentaron pero nadie lo consiguió porque fue hecha a la medida precisa de Osiris, cuyo símbolo más importante era un pilar (o columna) llamado djed = símbolo del cedro del Líbano con los ramos cortados. Para los egipcios, el djed representaba la estabilidad y pervivencia del poder. En cuanto experimentaba su medida, Osiris fue encerrado en el sarcófago que fue arrojado al río Nilo. La corriente lo arrastró hasta el Mediterráneo arribando en las costas de Biblos (Fenicia). Isis, desesperada, buscó al esposo por toda parte acabando por encontrar la caja (sarcófago) sobre un cedro del Líbano, árbol que había sido cortado para servir de columna en el palacio real de Biblos. Con la ayuda de la reina fenicia (cananea), Isis cortó la columna y regresó a Egipto con el cuerpo de su amado y lo escondió en una plantación de papiros. Enseguida, Seth descubrió la caja (sarcófago) y la cortó o descuartizó en 14 pedazos (o 40 como quieren otros) que distribuyó por todo el país. El número 14 representaba los días transcurridos entre las lunas llena y nueva; y el número 40, las provincias regionales de Egipto. Auxiliada por su hermana Néftis, madre de Anubis, reencontró todas las partes del cuerpo de Osiris menos el pene devorado por un pez. A la falta de éste, Isis creó un falo artificial formado por tallos vegetales (djad o hekat). Entonces, Isis, Néftis y Anubis procedieron a la primera momificación de la historia. Después, Isis se transformó en un milano negro que accionó las asas sobre el cuerpo de Osiris y creó una especie de soplo mágico devolviéndole la vida. Unidos sexualmente Isis y Osiris engendraron a Horus = el dios de los vivos en forma de halcón. En su representación humana, Horus porta un hekat (báculo) y tres llaves (la vida, la muerte y la fertilidad). Algunos autores ven en este pasaje mitológico egipcio la ‘trinidad cristiana’: Horus sería Jesucristo; Osiris, el Padre Eterno; e Isis, el Espíritu (Madre) de vida. Según esos ‘estudiosos’, la historia de Jesús sería una representación difusa del dios Horus.
            De acuerdo con esa leyenda, Horus fue concebido por Isis cuando Osiris ya estaba muerto. Así la fecundación ocurrió cuando Isis tomando forma de ave de rapiña posó sobre la momia de su esposo. Un himno escrito en una estela, guardada en el Museo del Louvre, reza: ‘oh benévola Isis/ que protegiste a tu hermano Osiris/ que le buscaste incansablemente/ que atravesaste el país enlutada/ y nunca descansaste antes de encontrarlo…’. Ciertos detalles de este personaje fueron alterados o mezclados con otras figuras creadas en las varias dinastías, sectas religiosas y religiones egipcias. El ojo de Horus, por ejemplo, se tornó el símbolo más importante de poder (wedjat), pues además de proporcionar el poder de desviar los malos espíritus, los ojos eran el espejo del alma humana. El ojo de Horus fue el amuleto más utilizado en el Egipto de todas las épocas de su historia. Horus sólo tiene un ojo representación del sol y de sus rayos que ven todas las cosas; el otro lo perdió en lucha contra Seth, y representa las fases de la luna. Horus era la encarnación del día, ‘aquel que venció al dios Seth’ = representación del Mal, en cuanto Horus representa el Bien Supremo y el heroísmo, pues arriscó la propia vida para vengar la muerte de su padre, Osiris. Horus es representando por un halcón porque la vista de esta ave de rapiña es tan poderosa que es el único animal que puede mirar al sol de frente sin ser ofuscado. Nadie sabe decir por qué ocurre este fenómeno. Los egipcios creían que el sol era como el halcón que vuela diariamente de un extremo a otro del cielo. Horus representaba la realeza, identificada y personalizada en los faraones egipcios: eran de la misma estirpe.     
          Además, como dios solar, Horus defendía la barca de Ra contra la grande serpiente (el río Nilo), velaba por la estricta observancia de las leyes y rituales egipcios. Según el Libro de los Muertos, Horus era el mediador entre los muertos y el dios Osiris, el juez supremo que pesaba el corazón de los hombres (psicostasía), y quien decidía el destino de los mortales, paraíso (lugar de abundancia) o  infierno (lugar oscuro). El nombre de Osiris es traducido como ‘aquel que ocupa el trono’, o ‘aquel que copula con Isis’, o aún ‘aquel que tiene el poder’. Sus manos siempre portan un báculo (hekat). El color de su piel simbolizaba la fertilidad (verde) y el renacimiento (negro), y la representación animal era como cocodrilo, toro negro o pez enorme. El símbolo más representativo de Osiris, entre tanto, era el báculo (también llamado ‘djed’/pilar) = símbolo de la resurrección y de la fertilidad, ‘aquel que permite vivir eternamente’. También representaba la columna vertebral, queriendo decir con esto que era el punto de estabilidad en los diversos pasajes de la vida humana. Osiris disponía también de un barco sagrado en que Isis y Néftis ocupaban, respectivamente, la proa y la popa. Todos los años se hacía una procesión en que el barco era transportado de un lado a otro del Nilo (gran serpiente de dos cabezas = principio y fin, nacimiento y muerte), simbolizando la victoria sobre los enemigos. Las dos mujeres (hermanas) de Osiris, la dulce Isis y y la celosa Néftis (más fea), igualmente sus mujeres representaban las extremidades de cualquier cosa: norte/sur, este/oeste. Una leyenda dice que de la unión carnal de Osiris con Néftis nació Anubis = el dios con rostro de perro o chacal que pesaba los corazones de los hombres por medio de una balanza donde se colocaban el corazón humano de un lado y la ‘pluma de la verdad’ (buenas obras) del otro: se fuese más pesado, Ammit =  el dios-león le devoraba ayudado por un buitre, pero si fuese más leve, el propio Anubis le atravesaba de barco hasta la presencia del dios Osiris para ‘vivir la vida después de la muerte’ , o la vida eterna. La asociación de Anubis con chacales (sab) o perros (iwiw) se debe probablemente a la presencia de estos animales en los cementerios, así como el hieróglifo ankh = ‘símbolo de la vida eterna’ cuya alza oval representa las dos puntas opuestas y unidas (masculino y femenino), fundamentales para la creación de la vida y sobrevivencia de la civilización. La línea vertical es el punto de intersección y unión de los lados opuestos. Fue utilizado por brujos en rituales de fertilidad, salud y adivinanzas, o como amuleto protector. O también como unión entre el cielo y la tierra, asociado al ciclo de la vida inmortal (reencarnación): el sol que nace y que muere, sin interrupción. Pero en algunas subculturas tiene su lado negro ej.: vampirismo, sectas góticas o satánicas, magia negra etc.     
          Como podemos observar, casi todos estos elementos están adaptados o revistos en la vida de san Cristóbal. Son muchos detalles bastante significativos: tal vez por todas esas semejanzas la iglesia haya querido revisar la vida y obra de san Cristóbal. A comenzar por su oscuro nacimiento que se dice haber ocurrido hipotéticamente en Tiro, Sidón o Biblos, en las costas palestinas (Canaán/actuales Líbano y Siria). Además son clásicos, su cayado o báculo,  barba, altura o tamaño descomunal, fuerte musculatura, el río y sus márgenes, etc. Antiguamente bastaba mirar para su imagen y el viajero se veía protegido; hoy la medalla de san Cristóbal produce los mismos efectos. Ponerse a servicio de un rey, señor del mundo, la presencia del demonio y de un brujo, el símbolo de la cruz, el vado por donde los viajeros son obligados a pasar, los propios hombros del santo que sirven de ‘barco’, el Niño extremamente pesado que le dice: ‘en la medida que ayudas a pasar a las personas me ayudas a mí’, son representaciones y símbolos ‘egipcios’. La propia trayectoria de su vida: nacido en los alrededores de Biblos, su bautismo en Antioquía, su trabajo social en el río Janto, la predicación en Samos y, por fin,  su martirio en Licia, hacen de san Cristóbal un santo misterioso y, al mismo tiempo, popular, cantado en prosa y verso por Federico García Lorca (1898-1936), ‘el poeta español más conocido en el mundo, sólo perdiendo para Miguel de Cervantes en número de ediciones y traducciones de su obra’. También Antonio Machado escribió bellas estrofas dedicadas a ‘aquel que lleva en sus hombros a Cristo’, el popularísimo gigante de Samos que aparece  en todas las puertas de las ciudades con la firme esperanza de ver protegidas sus puertas por un gigante físico pero también espiritual. San Cristóbal quería servir al rey más poderoso del mundo y, por eso, sirvió primero a Satanás (el mal personificado) sin saber que existía otro señor muchísimo más poderoso, Jesucristo, el Hijo de Dios, que los cristianos dicen ser el Sumo Bien.

quinta-feira, 26 de setembro de 2013

San Cristóbal - patrón de Prádanos de Ojeda (1)



              
               Tras un estudio exhaustivo y bastante minucioso, recogido a lo largo de 20 años, y presentado al público en 1995, insignes estudiosos del Martirologio Romano = catálogo de todos los santos y beatos honrados en los altares por la iglesia católica romana, concluyeron que existen 6.538 cristianos, canonizados o beatificados oficialmente por los papas, incluso santos de la iglesia ortodoxa hasta el cisma que separó las dos iglesias, de Oriente y Occidente (1054). En aquel momento dirigían ambas instituciones el patriarca Miguel de Cerulario (Oriente) y el papa León IX (Occidente), respectivamente. La última edición del Martirologio Romano (2001) trae aquel número oficial, pero sabemos que el total de santos canonizados es, sin duda, mucho mayor, sobre todo porque existen casos en que se menciona apenas el nombre y se concluye con el clásico ‘y compañeros mártires’, lo que puede significar centenas o miles de personas santificadas y canonizadas. El martirologio es un libro que sirve de base al calendario litúrgico católico donde se determinan las fiestas religiosas patronales del año. Es también un documento que relata el tipo de memoria litúrgica o título canónico (apóstol, confesor, virgen, mártir etc), con algunas notas sobre la espiritualidad y hechos relevantes de su vida y obra, con milagros, fechas y locales que realzan y sobrelleven la canonización de cada santo en particular. En los primeros años del cristianismo se guardaba tradicionalmente la memoria de aquellos que morían por causa de su fe en Jesucristo: los mártires. Cada iglesia particular o diócesis conservaba su propio martirologio, donde constaban los ‘héroes cristianos’ que habían sufrido el martirio. De ahí se pasó a dar importancia litúrgica al día de su muerte denominado ‘dies natalis’, conmemorando y celebrando su memoria en templos, iglesias o cementerios/camposantos en que se localizaban sus reliquias, y casi siempre señalado con una estrella a más en el firmamento glorioso de la llamada iglesia triunfante. A partir del siglo XVI, la iglesia católica unificó los diversos martirologios existentes en un documento único o universal, donde se nombran todos los santos y beatos reconocidos como tales por la autoridad eclesiástica. El primer Martirologio Romano fue obra del cardenal Cesare Baronio (1538-1607), historiador y cardenal italiano, miembro de la congregación del Oratorio. Su obra Annales ecclesiastici representó las primeras piezas reales de la historia eclesiástica, con base en una análisis crítica, cuidadosa y profunda de las fuentes documentales.
        Antiguamente, los santos eran aclamados vía vox populi = por aclamación popular. Era un acto espontáneo de la comunidad cristiana. Pero a fin de evitar abusos, los obispos de cada lugar se responsabilizaron oficialmente en declarar los santos de cada diócesis: san Cipriano de Cartago/África, a mediados del siglo III, ya recomendaba que se observase la máxima diligencia, cuidados y prudencia en la investigación sobre los presuntos cristianos muertos por su fe en Jesucristo. Debían investigar mediante un examen riguroso todas las circunstancias que habían acompañado su martirio, el carácter de su fe cristiana  y los motivos que les habían animado a practicar tal acto heroico a fin de evitarse casos espurios de personas que no merecían aquel título eclesiástico. Ya a los santos reconocidos por la iglesia se les asignaba un día de alegría y fiesta, por lo general el aniversario de su muerte. A finales del siglo X se aprobaron los dos primeros procesos canónicos, siendo el primer santo canonizado, oficialmente, san Ulrico de Augsburgo [bispo y figura importante de la iglesia católica en el inicio del Sacro Imperio Germánico (973)], y la primera mujer canonizada, santa Wiborada, mística y mártir, patrona de los bibliotecarios  y de gran popularidad en los cantones suizos (1047). Después de las oraciones, y cuando los horarios lo permitían ornamentaba los códices y manuscritos de la biblioteca en su Monasterio de San Galo/Suiza. Gracias a sus dotes místicas alertó a los monjes y monjas de aquellos territorios sobre la invasión húngara, y así pudieron salvar sus vidas y las ricas bibliotecas conventuales.
      
Para llegar a ser santo, el llamado siervo de Dios deberá pasar por cinco etapas (años): 1ª) se postula la causa (‘nihil obstat’); 2ª) se le (a) declara siervo (a) de Dios –informe sobre su vida y virtudes; 3ª) es considerado venerable (¿vivió virtudes heroicas?); 4ª) se la declara beato (a) –autenticación de un milagro; 5ª) es declarado (a) santo (a) – autenticación de dos milagros. La canonización realizada oficialmente por el papa concede a los santos católicos la posibilidad de un culto público en los altares,  asignándoles un día de fiesta, y ser patronos y protectores de iglesias, ermitas y santuarios. Muchas personas levianas confunden el culto que se debe dar a los santos. Así para evitar malos entendidos (principalmente de personas ajenas a los pareceres de la iglesia), la Congregación para las Causas de los Santos pronuncia solemnemente una fórmula ya clásica: ‘…inscribimos en el catálogo de los santos, y establecemos que en toda la iglesia sean devotamente honrados entre los santos’… Así, el verbo honrar para quien no lo sabe o lo ignora significa, en el diccionario oficial de la lengua española: ‘estimar y respetar, tener buena opinión y buena fama, adquiridas por la virtud y el mérito’. En ninguno de los diversos significados consta adorar. Y cuando se emplea el verbo venerar, igualmente se quiere decir ‘respetar  en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes’. Claro, como en todas las cosas, existen personas tendenciosas que por ignorancia o maldad (y hasta por ingenuidad) no saben o no quieren aplicar el debido significado a los conceptos eclesiásticos, generalmente por despechos espurios, instintos recalcados, envidias, odios embutidos e intolerancia religiosa. Por lo demás, como dice el evangelio, ‘no déis las cosas santas a los perros, ni lancéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisen debajo de sus pies y, volviéndose contra vosotros os despedacen' (cf Mt 7, 6). Realmente mucha gente no posee capacidad interior y equilibrio organizado de comprensión y sabiduría.
       Todo este razonado tiene a ver con el patrón de Prádanos de Ojeda, nuestro ‘hermoso’ y fuerte gigante, san Cristóbal de Licia (248-304), considerado uno de los padres del desierto (lugar alejado/solitario) o del yermo (como se decía antiguamente). Tratase de un santo mártir cristiano con diferentes o distintas tradiciones, pero todas desembocan en un mismo lugar: fue un santo de mucha popularidad en todos los tiempos. Por eso, resultaría fastidioso citar  las causas, profesiones, ciudades/villas/pueblos y corporaciones o asociaciones de todas las cuales san Cristóbal es considerado patrón y dignísimo protector. Sean, por ejemplo, estas que yo cito: san Cristóbal es patrón de ‘viajeros, barqueros o navegantes, marineros, aguateros, atletas, mozos de cuerda, vendedores de fruta o fruteros, arqueros y hombres solteros. Además es celebrado por conductores de taxis y autobuses, automovilistas, camioneros. Es invocado en caso de tempestades, tormentas, granizos y rayos y contra el dolor de muelas. Y, principalmente, es patrón de incontables ciudades y pueblos tanto en España Europa cuanto en Hispanoamérica ej.: La Habana (capital de Cuba), de Rab (actual Croacia), ciudad y diócesis de San Cristóbal de la Laguna (islas Canarias), San Cristóbal/Venezuela, etc. Pero entre todas las ciudades y pueblos de los cuales san Cristóbal toma cuenta y cuidados especiales está nuestro pueblo, Prádanos de Ojeda/Palencia. Es un santo tan importante y popular que su fiesta se celebra  tanto en la iglesia católica como en la iglesia ortodoxa, un caso raro de conmemoración compartillada. La tradición católica, transmitida por la obra Áurea legenda/Leyenda dorada (1260/80) del arzobispo de Génova (dominico, y considerado un ‘santo’ no canonizado), Jacobo de la Vorágine (1230-1298), es considerada la más célebre recopilación de leyendas piadosas en torno a los santos, y desde luego la más influyente en la iconografía pictórica y escultórica religiosa del Renacimiento. No tiene carácter histórico o científico, pues no fue escrita para eruditos y sí para gente del pueblo como libro de devoción ‘para conocer modelos de vida dignos de ser emulados’ o imitados. De muchas de esas historias no hay fuente comprobada y no existe sentido crítico sobre los hechos, pero el prestigio de esta obra fue inmenso entre los artistas del movimiento renacentista y barroco, ya que se utilizaron sus conmovedoras historias para pintar y esculpir muchísimas escenas devotas. Jácobo de Vorágine nos describe a san Cristóbal como un gigante cananeo (con casi 2m de altura): después de su conversión al cristianismo ayudaba a los viajeros y peregrinos a atravesar el peligroso vado de un río caudaloso, y lo hacía llevándolos sobre sus hombros fuertes y robustos.          
San Cristóbal de Licia  (actual Kinit) = antigua región marítima (una península) del sudoeste de Asia Menor (actual Turquía) fue anexada a Panfilia, y se convirtió poco después en provincia romana (43 dC). Posiblemente, el vado de que se hace mención en la vida de san Cristóbal sea el río Janto y su fértil valle a lo largo de 50km entre el Mediterráneo y su naciente en el monte Araxá. En sus orillas se encontraba Janto, principal ciudad de Licia, a 7km del mar. Caminos recorrían el valle, y el cruce del río pasaba por Janto, dándole importancia estratégica. A lo largo del valle los pueblos y ciudades ocupaban las pendientes montañosas donde san Cristóbal practicó la vida de anacoreta y la caridad cristiana no sólo pasando a los viajeros al otro lado del río como también defendiéndolos de asaltantes y bandoleros que infestaban la región. La ciudad de Janto fue centro local importante en tiempos del rey Darío II de Persia. Según el geógrafo Estrabón, Licia encabezaba una confederación de 23 ciudades que se reunían en Letoon (proximidades de Janto). Por último, Licia fue el último estado helenístico a ser incorporado formalmente al imperio Romano, con status de provincia y conformada en una unidad cultural y geográfica especial. Esta región, en el imperio Romano tardío (278 dC), se caracterizó por la proliferación de bandidos (por lo menos así considerados desde el punto de vista romano). Fue famoso Lidio el Isáurico: actuó en Licia y Panfilia, pero finalmente fue reducido por las fuerzas romanas. Algo que llama nuestra atención son los costumbres licios a favor del matriarcado, detallados por Heródoto, sobre todo cuanto al libertinaje sexual de los licios, quienes no estaban seguros de quién era su padre. Por eso, si a uno se le preguntara quién era y de qué familia procedía, respondía repitiendo el nombre de su madre y de sus abuelas, y no del padre. En Letoon y Janto se hablaban tres lenguas: el licio, el arameo (lengua administrativa) y el griego (después, el latín)     
           Según la leyenda y tradición católicas, san Cristóbal fue hijo único (de estatura aventajada, un gigante) de un rey cananeo (o de Canaán, nombre que los romanos cambiaron para Palestina,  zona con larga historia en las costas orientales del mar Mediterráneo, más conocida como ‘pueblos del mar’). No hay certeza, pero debió haber nacido en Biblos, Tiro o Sidón, tres importantes ciudades fenicias. Curiosamente, fue conocido por su nombre de guerra: Relicto, Ofero o Réprobus (en latín ‘réprobo o malvado’, pero en arameo rabrab > significa ’gigante’). Se dice que su aspecto era horroroso, con rosto de perro, y decía a todos sus conterráneos que deseaba estar al servicio de un señor digno de su fuerza y robustez. San Cristóbal, derivado del griego Christophorus = el ‘portador de Cristo’, evidentemente cristianizado como quieren algunos, o etimológicamente ‘lanza ungida/salvadora’, en alusión a su altura de 12 ‘codos’ = si llevásemos a serio esta medida, San Cristóbal sería realmente una ‘lanza’ con 5m, visto que cada codo equivale a 0,42cm de largura. Pero, combinemos una cosa: el número 12 siempre aparece como símbolo de perfección o de relevancia. Por tanto, debemos entender esa medida como sinónimo de hombre admirable, robusto, inigualable, casi perfecto físicamente. Apenas eso. San Cristóbal nació con el nombre de Ofero (en griego, ‘lanza’), y vivió durante el siglo III. Como sabemos por la historia, en torno del año 278 existían en Licia frecuentes asaltos, y san Cristóbal defendía a los transeúntes, viajeros y peregrinos, de todos esos maleantes, es bien posible que el santo tuviese a esas alturas unos 30 años, lo que supone haber nacido en torno de 248. Su longa vida de casi 60 años al menos en aquellos tiempos, nos permite deducir que su enorme fuerza física le tornara orgulloso, soberbio y fanfarrón, pues quería servir apenas aun señor más temible que él mismo. Su muerte debe haber acontecido tras el cuarto y último edicto imperial de Diocleciano (244-305)       
   Este emperador romano rehabilitó las viejas tradiciones de Roma, incentivando el culto a los dioses antiguos. Persiguió a los maniqueos practicantes de una religión persa. Y también emprendió aquella que los historiadores eclesiásticos consideran la penúltima y gran persecución contra el cristianismo: la era de los mártires. Debido a su fuerte y tradicional personalidad, el abandono de rituales paganos a favor de una religión de origen extranjera significó algo inquietante para el imperio Romano ya mal de las piernas y de la cabeza. El augusto parece haber cedido  a las insistentes propuestas de su césar, Galerio, hombre de origen humilde pero como soldado y adepto del paganismo juzgaba la presencia de funcionarios cristianos en la corte perniciosa e intolerable, sobre todo cuanto a los sacrificios y otras prácticas rituales. El pretexto para la persecución fue un sacrificio en el palacio imperial de Nicomedia, oficiado por Diocleciano. Los cristianos presentes tendrían hecho gestos provocativos diciendo que los dioses paganos eran demonios idólatras. Sea esto verdad o no, en el año 303 salió el primer edicto imperial > ordenaba la destrucción total de iglesias, objetos de culto cristianos y la destitución de funcionarios adeptos de la nueva religión. Enseguida, salió el segundo edicto > se ordenó la prisión general del clero cristiano; en un tercer edicto > se daba la libertad en caso de apostasía. Por fin, se dio el cuarto y último edicto (304) > ordenaba a toda la población del imperio Romano a sacrificar a los dioses paganos bajo pena de muerte o trabajos forzosos en las minas. Curiosamente, en su lecho de muerte, Galerio pidió oraciones a los cristianos por su restablecimiento. Un edicto de tolerancia del mismo Galerio abriría camino al famoso Edicto de Milán (313) – éste firmado por Licinio y Constantino. En él, no sólo se tolera el cristianismo como se le reconoce como una de las religiones oficiales del imperio. Y, más tarde, única religión oficial…
        La leyenda nos cuenta que san Cristóbal de Licia después de buscar por diversos lugares hombres más fuertes y corajosos que él mismo, aceptó al propio Satanás en persona como su amo. Pero al saber que el diablo temía al nombre de Dios y a la señal de la santa cruz, renunció a su servicio y busco quien le indicara como servir al Dios de los cristianos. Y aquí comienza la leyenda propiamente dicha y más interesante sobre la vida y obra espiritual de san Cristóbal, eremita y mártir de la iglesia católica. Ofero entonces tomo como guía espiritual a un ermitaño que vivía en los alrededores de Janto. El eremita tenía como obra de caridad indicar a los viajeros, o peregrinos que demandaban la Tierra Santa, los lugares más seguros por los cuales podían atravesar el peligroso río Janto > la metáfora sobre este río dice que ‘fue creado por los dolores de parto de la diosa Leto’, cuyo templo El Letoon fue designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (1988). Cuando el ermitaño entregó su alma al Creador, Ofero tomó su lugar, y debido  a su fuerza y estatura prefirió transportar los viajeros en sus hombros de un lado a otro del río turbulento y peligroso. Nos cuenta la leyenda que un día, un niño pequeño y aparentemente frágil, le pidió que le pasara a la otra margen del río. Ofero le tomó en sus hombros, pero quedó atónito por el peso desproporcional de aquel muchacho. Sorprendido por tal acontecimiento sin explicación lógica, el niño le reveló su identidad: era Jesucristo, y el peso excesivo para sus hombros musculosos eran los pecados del mundo que cargaba sobre sí. Jesús le bautizó, le instruyó para que fuese a predicar a Samos y Licia, dos ciudades importantes de aquella región y a convertir a sus ciudadanos. En esas ciudades realizó numerosos milagros, entre los cuales hizo crecer su propio báculo transformándolo en un árbol fructífero. Dagón, el prefecto de Licia, enfurecido por la conversión a la fe cristiana de sus súbditos, profanó iglesias y casas de cristianos y ordenó la muerte de muchos convertidos a la fe de Jesucristo. A Ofero, le metió en la cárcel donde fue torturado y decapitado según las órdenes del emperador Diocleciano.
        La leyenda nos relata los tres acontecimientos principales de la vida de san Cristóbal: su servicio al Señor más poderoso del Mundo, la historia del Niño Jesús y el martirio del santo. Cuanto al primero, se dice que san Cristóbal ofreció sus servicios al rey Felipe de Licia (del griego, ‘país de lobos’), un rey perverso y despiadado, un soberano que imponía su voluntad con puño de hierro. Sin embargo, un día le vio temblando de miedo y, en consecuencia, quiso saber por qué motivo tremía tanto, él un rey poderoso. El rey le dijo que tenía su alma vendida al diablo y que temía al ser infernal. Entonces Ofero respondió: ‘si temes al diablo, él es ciertamente más poderoso que tú. Por eso, a partir de este momento sólo quiero servir al demonio’. El gigante que todos temían ahora se puso al servicio de Satanás, y buscó a un brujo para que se lo presentara. El brujo no perdió tiempo a trueque de algunos favores, y emprendieron la búsqueda en lugares soturnos. En el camino, el brujo evitó pasar cerca de una cruz de piedra y se puso a temblar como ocurrió con el rey de Licia. Ofero, intrigado, reclamó de su comportamiento ridículo, pero el brujo retrucó: ‘no tengo miedo de la cruz, sino de quien murió en ella’. Ofero entonces preguntó al brujo si el demonio temía a Jesucristo, a lo que éste respondió: sí, el diablo teme a ese Jesús con sólo mencionar la cruz donde Él murió para salvar a la humanidad de sus pecados. Ofero decidió servir a tan poderoso señor que aun después de muerto hace al Príncipe de las Tinieblas temblar de miedo. En otras versiones, el brujo es el propio Satanás disfrazado.       
                  A partir de ese instante, Ofero, o san Cristóbal como quieran, buscó a su nuevo amo y señor a quien no conocía, pero al cual ya había jurado ser su más bravo y leal soldado. Vagó por las redondeces de Janto, en Licia: a todas las personas preguntaba cómo podría servir a Jesucristo, y nadie conseguía responder a su indagación. Hasta que un día se encontró con un ermitaño, y éste, absolutamente convicto, le dijo con cariño: ‘mira, aquí al lado de mi celda, hay un río donde suelen morir muchos que intentan atravesarlo. Tienes una buena estatura y fuerzas como nadie. Entonces, podrás pasarlos a la otra orilla sobre tus hombros. Ahí encontrarás a la persona que te dará la respuesta perfecta que tú tanto buscas’. Y así comenzó su tarea diaria de pasar a viajeros, tan sólo apoyado en una vara gruesa y resistente. Ofero se tornó portador de viajeros o atravesador de ríos. De hecho, en aquella época existían pocos puentes y resultaba difícil atravesar los ríos, sobre todo cuando se trataba de corrientes turbulentas y caudalosas. Curiosamente, uno de los oficios más procurados en aquella época era ser portador de viajeros. Por una remuneración cualquiera, hombres corpulentos y vigorosos pasaban a las personas de un lado a otro de los ríos. Ese fue el empleo u oficio de san Cristóbal y, por eso, es considerado el patrón de viajeros, caminantes, barqueros etc. Era un profesional tan bueno y dedicado que aunque no tuviesen dinero a nadie negaba sus servicios de atravesador de ríos.
               La historia del Niño Jesús comienza de esta forma: Ofero empezó su empleo diario cruzando el río Janto de una orilla a otra, y a todas las personas a quienes transportaba sistemáticamente preguntaba dónde y cómo podría servir a Jesucristo, pero nadie le daba una respuesta convincente. Hasta que un día al cruzar la corriente cargando a un niño que surgió de repentinamente, casi de la nada, a quien ni siquiera indagara adonde se dirigía por aquellos andurriales, casi perdido... ¿Qué respuesta le iría dar un niño tan frágil y medio perdido, sin nadie a socorrerlo? Pero cuál no fue su gran sorpresa, cuando a la mitad del camino la corriente comenzó a subir, el niño se hacía muy pesado como un costal de plomo y juzgó estar transportando el mundo entero en sus hombros. El peso casi le derriba y por poco no se ahoga junto con su carga divina. Sólo a costa de mucho sacrificio y poniendo en vilo todo su coraje y enormes esfuerzos consiguió llevarle a la otra orilla del río. Curioso y precavido, Ofero indagó del pequeño muchachillo: ‘¿quién eres tú, niño mío, que me pesaste tanto, y llegué a imaginar que era el mundo a quien estaba cargando en mis hombros?’. Y el niño, que no era otro sino el propio Jesucristo, le respondió con llaneza: ‘tienes razón, Ofero, peso más que el mundo entero porque sobre mis hombros cargo con los pecados de todos los hombres. Yo soy Jesucristo. Llegaste a buscarme en varios lugares, pero sólo aquí conseguiste encontrarme: sirviendo a tus hermanos necesitados. Desde hoy en adelante, tu nombre será Cristóbal. Al ayudar a cualquier persona a cruzar el río, me estarás ayudando a mí en la figura de tus hermanos. Fija en la tierra este árido tronco que te sirvirá de báculo: mañana lo verás no sólo florido sino también coronado de frutos’. Entonces el Niño Jesús desapareció, y a la mañana siguiente como vaticinado el tronco se tornara una bella palmera repleta de frutas.
       Después de ese episodio, Cristóbal y no más Ofero, recibió el bautismo de las manos del patriarca Babilas en la basílica de Antioquía. Los comentaristas cristianos dicen que san Cristóbal cargó a Jesucristo de cuatro maneras: en sus hombros recios y fuertes, en sus labios que pasaron a evangelizar a las gentes de Samos y Licia, en su corazón que se abrasaba en practicar la caridad cristiana y dedicarse a sus hermanos licios, y en todo su cuerpo y en cada tortura sufrida por su fe en Jesucristo en la hora del martirio. Un ejemplo que debe ser conocido por nuestro pueblo, por todos los habitantes de Prádanos de Ojeda y adyacencias. San Cristóbal, después de haber recibido el bautismo, empezó a evangelizar sobre todo en Samos, siempre acompañado de su bastón florido: fue un predicador elocuente y determinado, sobre todo porque iluminado por el Espíritu Santo como consta en la leyenda de su vida. En ese tiempo, el emperador romano Diocleciano ordenara perseguir a los cristianos y exigir de ellos que sacrificasen a los dioses paganos. Dagón como prefecto urbano de Licia cumplió al pie de la letra las ordenaciones del siniestro emperador romano, uno de los hombres más crueles de la historia y terror permanente de los cristianos. San Cristóbal presintió que su vida estaba en peligro, y así se arrodillaba y oraba constantemente para que se cumpliese la voluntad del Señor Jesús como él rezaba. En cierta ocasión escuchó una voz que le decía: ‘no temas, Cristóbal, yo estoy contigo’. Así, bien dispuesto y lleno de fortaleza divina fue presenciar cómo eran torturados los que confesaban públicamente la fe en Jesucristo. De repente, enaltecido por el espíritu de Dios, clamó en medio de la multitud que asistía a aquel espectáculo: ‘también yo soy cristiano, y no iré sacrificar a los falsos dioses que vosotros adoráis’. Inmediatamente fue detenido y llevado al tribunal del prefecto Dagón. Al principio, intentaron persuadirle, le tentaron con dos prostitutas (Niceta y Aquilina) que convencidas por la fe de nuestro santo se convirtieron al cristianismo y también murieron martirizadas a mando del impiedoso Dagón. Le mostraron igualmente los suplicios y tormentos a que eran destinados los que preferían confesar la fe cristiana. Pero san Cristóbal no se dejó convencer por todos aquellos risibles argumentos llenos de falacia. El prefecto entonces ordenó que fuese flagelado con varillas de hierro, pero nuestro santo continuaba a entonar cánticos de loor y agradecimiento al Dios de los cristianos. No contentos con el castigo, los esbirros colocaron sobre su cabeza un casco de hierro al rojo vivo. A continuación fue tendido sobre una parrilla enorme para ser quemado a fuego lento, pero la sartén se derritió sin que el santo sufriera cualquier quemadura. Por fin, intentaron materle a flechazos, atado a un árbol, pero las flechas se desviaban del blanco pretendido por sus verdugos sin que ni una siquiera tocara en su cuerpo. Sin embargo, una se desvió y fue acertar el ojo del prefecto. Enseguida se dejó oír la voz del santo mártir, dirigida con entereza a Dagón: ‘el Señor ya preparó mi corona… Cuando la espada separe la cabeza de mi cuerpo, unge tu ojo con mi sangre mezclada con el polvo de la tierra. Al punto quedarás curado, y entonces conocerás quien te creó y quién te ha curado’. Al día siguiente fue decapitado en la cárcel de Licia, y el malvado Dagón recuperó la vista como el santo anunciara, y luego después se convirtió al cristianismo.
         El culto a san Cristóbal de Licia tuvo origen en las iglesias de Oriente, llegando más tarde a Sicilia y de allí se extendió por el  Occidente a partir de Constantinopla, (siglo V). Durante la Edad Media, fue uno de los santos más venerados, y en su honor y patrocinio se erigieron muchas iglesias, ermitas y monasterios tanto en el Oriente durante el imperio Bizantino como en el Occidente en tiempos de Carlomagno. Las fiestas patronales de san Cristóbal ocurren en 9 de marzo (iglesias y pueblos de Oriente) y en 10 de julio según la tradición hispánica o culto mozárabe para dejar libres los festejos del patrón de España, Santiago Apóstol, que se celebran el 25 de aquel mes. En Occidente, la festividad de san Cristóbal es precisamente el 25 de julio. En numerosos pueblos y ciudades de España se han incrementado las celebraciones en honor de san Cristóbal, principalmente a partir de principios del siglo XX, formándose asociaciones y hermandades con titularidad de nuestro santo patrón como los automovilistas, los camioneros, los taxistas y los conductores en general, unidos todos en honor de san Cristóbal, el santo de los viajeros por tierra y de los navegantes por mar, ríos, lagos, canales etc. En muchas poblaciones –principalmente el segundo fin de semana de julio más próximo al 10 de ese mes-, se festeja el día del santo con verbenas, comidas típicas, juegos deportivos, bendiciones de vehículos, misas, procesiones con la imagen del santo etc. San Cristóbal ha sido venerado como ‘uno de los 14 santos auxiliares más festejados del mundo cristiano’, sobre todo como santo patrono y protector del chófer español y de influencia hispánica. Muchas iglesias declaran tener reliquias de san Cristóbal (¿!?), entre ellas la catedral de Morelia/México: sustenta haberlas recibido del papa Paulo III con motivo de la inauguración de la diócesis (1536). Actualmente, san Cristóbal está de baja en el calendario litúrgico: el papa Paulo VI suprimió algunos santos de cuya existencia no se tienen pruebas fidedignas e históricas (1969), aunque esto no quiera decir que san Cristóbal, san Jorge, san Marcelo, san Sebastián etc. estén ‘descanonizados’. Apenas se quiere insinuar que su celebración y veneración no es obligatoria en toda la iglesia. En compensación, continúa viva y palpitante su representación iconográfica y veneración popular por dos razones:  de culto y de veneración, considerados tradicionales por muchos como es el caso de Prádanos de Ojeda, cuya festividad se celebra el 10 de julio de cada año y así permanecerá entre nosotros por los siglos de los siglos. Amén.