sexta-feira, 22 de junho de 2012

D. Gonçal’Eanes de Aguilar – un gentleman (10)




En Arte de Trovar – introito triunfalista al Cancionero de la Biblioteca Nacional (1525/26), de Lisboa – surgen, aquí y allí, seis o siete sustantivos que parecen ser sinónimos, pero no lo son absolutamente. Cada uno presenta una faceta diferenciada de acuerdo con el contexto del tema o la categoría del personaje. Estas palabras son: burla, ironía, sátira, sarcasmo, escarnio y maldecir, además de otros vocablos que aparecen en cantigas de vilão o de seguir, cuyo léxico ordinariamente apela a la pornografía y al mal gusto, además de tener poco valor artístico. Es, antes bien, una especie de reportaje popular al vivo y en colores, pero con un vocabulario palabrero. El diccionario español las diferencia perfectamente. Si no veamos:
 *burla > es una palabra o ademán con que se procura poner a alguien o algo en ridículo, pero con disimulo o como quien no quiere la cosa, esto es,  usando de engaño, bromas o mentiras;
*Ironía > es una burla fina y disimulada, y se usa como figura retórica cuando se da a entender lo contrario de lo que se dice o afirma;
*sátira > es una burla o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido contra alguien o algo que se quiere ridiculizar. Se usa como figura retórica cuando se quiere censurar acremente a alguien o se desea ponerlo en ridículo;
*sarcasmo > es una burla sangrienta, una ironía mordaz y sumamente cruel con que se ofende o se maltrata a alguien o algo. Como figura retórica se usa para herir al oponente;
*escarnio > es una burla insistente y tenaz que se hace o se usa contra alguien o algo  con el propósito de afrentarlo. Como figura retórica se emplea en frases que llevan consigo mofa y desdén, sea con palabras o acciones, sea con señales exteriores con intención de humillar a alguien públicamente;
*maldecir > es más que una burla, es una imprecación que se dirige contra alguien o algo, manifestando enojo y aversión hacia él o hacia algo, y muy particularmente con el deseo de que le venga a ocurrir algún daño. Por eso, muchos filólogos lo traducen por ‘echar maldiciones’ usando de palabras mordaces (críticas con acritud o malignidad, a veces no carentes de ingenio). En general, quien usa de esta figura retórica es ‘un perverso, de malas intenciones y peores costumbres’. Sin embargo, no lleva siempre todas estas connotaciones peyorativas: en este caso se usa para expresar simultáneamente enojo, molestia, pesar o trabajo. En el mundo literario y artístico se usa el sustantivo ‘maldito’ para designar todo aquello que va contra las normas establecidas, molesta o desagrada.
Nuestro ancestral, como ya dije, se mueve entre el amor cortés > cantigas de amor y de amigo, y una burla leve > cantigas de escarnio, que podríamos clasificar mejor aún como cantigas de ironía > una burla disimulada y fina, sin la perspectiva intencional de causar mayores susceptibilidades. En sus composiciones no existe ninguna cantiga de escarnio no sentido pleno  de esta palabra, y mucho menos de maldecir; su lenguaje es irónicamente fino [podríamos acrecer, y delicado], pero nunca grosero y malsonante. Gonçal’Eanes, al menos en sus cantigas, fue siempre un auténtico gentleman. Rip Cohen, profesor de literatura portuguesa en la Johns Hopkins University, en su libro 500 Cantigas d’Amigo (2003), nos dice ya desde el principio: las cantigas d’amigo, compuestas entre 1220 y 1350 por 88 trovadores – entre ellos, Gonçal’Eanes do Vinhal, de quien cita apenas siete cantares  es el mayor ‘corpus’ de poesía amorosa, de voz femenina, a sobrevivir en la Europa Medieval Antigua. Y a pesar de las atribuciones y del papel de los hombres como compositores, cantantes y escritores, estos no pueden ser considerados  los dueños [absolutos] de una tradición poética que pasó de padres a hijos a través de los siglos. Particularmente, sobre las cantigas d’amigo compuestas por nuestro ancestral, Rip Cohen teje este bello comentario: las cantigas d’amigo [de Gonçal’Eanes do Vinhal] son merecedoras de toda la atención y el cuidado que las generaciones futuras puedan concederlas. Estas cantigas no son una especie de ornamentación social; son antes una parte de los seres humanos y de su historia. Y es precisamente la historia de nuestro antepasado que aparece en sus escritos: la vida y obra literaria de un ricohombre, con heredamientos en Castilla, Extremadura, Andalucía y Portugal que hacen de él un caballero linajudo a servicio del rey Alfonso X.
En verdad, nuestro antepasado nace y crece, a principios del siglo XIII, en una península Ibérica dividida en varios reinos cristianos e árabes. Esos reinos procuran al mismo tiempo organizar y expandir sus territorios en cuanto viven en constante conflicto, con los reinos taifas, aliados a León y Castilla contra Navarra y Aragón/Cataluña, o aliados a ellos contra los primeros. En el momento histórico en que vivió, Gonçal’Eanes (1223? – 1285?) fue apenas uno de tantos guerreros de peso que colocó a venda su fuerza y prestigio militar. Nunca fue mercenario – este tipo de caballero luchaba por el botín y no por idealismo social o religioso: en primero lugar, porque no necesitaba de botín si llevamos en cuenta su enorme fortuna en legajos de familia; y después porque frecuentó  la corte de dos reyes extraordinarios y generosos de Castilla y León (Fernando III y Alfonso X), que donaron tierras y señoríos a sus mejores vasallos. Gonçal’Eanes de Aguilar fue uno de ellos. Así, la imagen que él nos dejó en herencia es la de un guerrero cuyos atributos fueron: el coraje, la destreza en la guerra, la bondad, la justicia, la misericordia, la generosidad y, sobre todo, la lealtad a los amigos, además de su inspiración trovadoresca y lirismo provenzal. Un detalle a más valoriza nuestro antepasado como ricohombre y caballero linajudo: su ‘hermosa barba’ que no faltó ni al legendario y heroico Cid Campeador [D. Rodrigo Díaz de Vivar (1048-1099)]. Según cuenta la leyenda, nuestro antepasado tenía una barba frondosa, muy cuidada y larga, como convenía a un caballero bien nacido, que ‘a unos metía miedo y a otros espantaba’. En realidad, la barba era característica de hombres maduros, justos y sabios.
La poesía trovadoresca, en tiempos de Gonça’Eanes [segunda mitad del siglo XIII] dividía las cantigas en tres tipos diferentes: las cantigas lírico- amorosas > de amor y de amigo; las cantigas satíricas > de escarnio y maldecir; y las cantigas de Santa María > de milagros, de loores y de petiçón. En estas últimas, exaltase a la Virgen María y se pide un galardón (presente, regalo). Las poesías de Gonçal’Eanes do Vinhal son cantigas de amigo (6) y cantigas de escarnio (12), pero estas últimas aparecen como intrínsecamente leves y, por eso, algunos tratadistas las tienen más como cantigas de amigo. En realidad, si exceptuamos alguna que otra de ironía un poco más aguda o picante, todas ellas se encuadran como cantigas de amigo o de amor. La delicadeza, la cortesía, la amabilidad, la rima sutil usada por Gonçal’Eanes de Aguilar hace de nuestro antepasado un trovador elegante y refinado, contrastando con el perfil del guerrero siempre combativo en los campos de batalla. En verdad, nuestro ancestral participa de las opciones poéticas del segundo grupo galaico-portugués (siglos XIII/XIV) en los cantares de amor > un lenguaje esquivo y ambiguo de solicitación amorosa, acabando por ofuscar los cantares de escarnio cuando trata de temas eróticos, todos ellos considerados más bien cantigas de amigo > un contrapunto a los cantares de amor. Aunque la crítica galaico-portuguesa no considere ciertas cantigas de Gonçal’Eanes como cantares de amor, los textos de nuestro ancestral merecen una redoblada atención en este particular. Un ejemplo: la palabra dona (> mía señor, amiga) tan frecuente en las cantigas de amigo es una designación genérica que se extiende a todas las mujeres (amigas) nobles, pero con calificación específica de cada mujer (doncella, guardada, d’ordin etc.). La dona tanto puede ser casada, soltera, viuda o monja, sin embargo todas ellas participan de un contexto aristocrático. En realidad, la expresión dona equivale a mujer noble (rica-doña), sin especificar su condición civil o matrimonial, de la misma forma que la palabra caballero designa un personaje de la nobleza, en general acompañado de un adjetivo ej.: ricohombre.
De todas las formas, la mujer del señor feudal/rey (> dona, mía senhor) es un elemento que cristaliza el sistema señorial, donde coexiste junto al vasallaje una especie de control (> de mesura o reverencia) institucionalizando la cortesía > proceso exigente de liberalidad por parte de los poderosos señores feudales y la devoción ‘trovadoresca’ de los vasallos a su señora. Es la exposición pública de la mujer señorial como objeto de codicia lasciva provocado por la poesía provenzal. Pero también del valor de la mujer como símbolo de loor y amor cortés, y consagración de la ‘liberalidad’ en el mundo feudal (siglo XIII). Como dice Ribeiro Miranda, profesor de Lengua Portuguesa/Universidad de Porto, en la cantiga medieval ‘compartir’ poéticamente la mujer aunque de forma limitada y controlada, es mucho más que saber distribuir con longanimidad el botín arrebatado en la guerra. Esto, evidentemente, posibilita  el crecimiento físico de la mesnada y un poderío señorial renovado. En esta relación, el trovador es antes de todo portador de la voz y del canto lírico, y no mero agente constructivo del valor público de una mujer. En este contexto, la simple servidumbre no es suficiente; es preciso que el vasallaje se torne conocido, respetado y procurado por todos los habitantes del señorío o de la corte. La cantiga medieval y trovadoresca – en ella nuestro ancestral se mueve con agilidad renovada a cada verso – proclama y elogia la liberalidad y cortesía del señor (rey, caballero o ricohombre), sin entrar en disputa por el dominio [sexual] de mujeres intangibles e inalcanzables.

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Pero en toda esta relación, no resta cualquier duda: la figura femenina se constituye en el eje central del lenguaje trovadoresco, producido en el ambiente poético del siglo XIII. Citase el caso de una mujer casada (ama del trovador João Soares Coelho > trovador portugués con quien Gonaçal’Eanes ‘baralhou’), y que nuestro ancestral describe con delicadeza en una de sus cantigas. Pero aquí no se trata de una cantiga de amor y sí de una aventura picaresca. Entre tanto, hay otros motivos susceptibles de propiciar el loor público y poetizar el amor: en la Edad Media existían varios tipos de hombres capaces de fazer cantares, pero solo el trovador ‘amaba mejor’ en sus cantigas, sobre todo a partir de 1230, cuando se dejó sentir el dislocamiento histórico y geográfico de la producción trovadoresca de Galicia y Portugal, para el círculo lírico-poético de Castilla y León, bajo la égida de El Rey Sabio. Nuevamente, Ribeiro Miranda viene en nuestro auxilio: cuando observamos – nos dice el profesor -, el perfil de aquellos que rasguean la cítola (> tabla de molino) y pretenden guarir (> vivir) del arte de trovar no vemos pequeños caballeros a margen de la aristocracia, y sí hombres con una posición secundaria, pero miembros de un grupo aristocrático de derecho para los cuales la mujer noble es una posibilidad a ser alcanzada, sea por la fuerza (rapto), sea por la fortuna (botín) o ricahombría de privilegio. Existía, claro,  el impulso hipergámico, aunque confinado al deseo de poseer o alcanzar una mujer de nivel social más elevado, o sea, los trovadores galaico-portugueses deseaban a la mujer por entero, de cuerpo y estatuto (ley), pero prevalecía la ausencia de la dona (> mía senhor). Desde los primeros trovadores, la presencia/ausencia de la mujer fue el tema de casi todos los cantares de amor y de amigo. Sin embargo, esta situación, nos dice Ribeiro Miranda, se chocaba con la naturaleza legal de la mujer amada, sometida a una guarda implacable en el interior de los castillos o de la corte. En este caso concreto solo sobrevivieron expresiones minimalistas > el trovador confesaba querer apenas ‘na terra morar’ > capacidad y disposición  de una espera muy difícil de definir en los meandros del amor cortés.

Veamos como Gonçal’Eanes se expresa en esta cantiga de amigo denominada, en el original, Quand’eu sobi nas torres sobe’lo mar, con adaptación de Rip Cohen:
               Cuando subí a las torres de sobre el mar
               Y vi donde solía ir a bohordar
               Mi amigo, ay amigas, tan gran pesar
               Tuve entonces por él en el corazón.
               Cuando vi a aquellos otros por allí andar,
               Que morir yo pudiera por él entonces.
              
               Cuando miré a las torres en derredor
               Y no vi a mi amigo y mi señor,
               Que hoy por mí vive tan sin calor,
               Tuve entonces tal pena en el corazón.
               Cuando me acordé de él y de su amor,
               Que morir yo pudiera por él entonces.
              
               Cuando yo vi esta cinta que él me dejó
               Llorando con gran pena, y me recordó
               La cuerda de la blusa que él se llevó
               Tuve por él tal pena en el corazón
               Pues me recuerda, hermosa, que me nombró
               Que morir yo pudiera por él entonces.
              
               Nunca mujer tal pena pudo sufrir
               Como yo si  recuerdo el gran placer
               Que le hice si mi cinta le veo ceñir,
               Y me creció tal pena en el corazón
               Cuando subí  a las torres yo por lo ver
               Que morir yo pudiera por él entonces.

Esta cantiga de amigo así como otras varias del mismo género y con idéntica temática, son de una originalidad casi única en el cancionero galaico-portugués. A través de una lectura rápida, percibimos que se trata aparentemente de típicos cantares de amigo semejantes a otros  con igual rúbrica. Videira Lópes comenta a este respecto: ‘en secuencia cronológica, surgen dos curiosas cantigas satíricas, composiciones en forma de cantigas de amigo, en las cuales D. Gonçal’Eanes alude a los amores de la madrasta de Alfonso X, D. Juana [de Ponthieu], con su hijastro D. Enrique [de Castilla], y hermanastro de El Rey Sabio. Las rúbricas explicitan la intención satírica que se esconde por tras de estas anodinas cantigas de amigo, indicando incluso el exacto contexto histórico. Así, en la primera composición – Amigas, eu oí dizer -, la amiga cita la guerra fratricida en Morón de la Frontera entre las tropas de D. Henrique y el ejército real, comandado por D. Rodrigo Alfonso. Como consecuencia de la derrota, D. Henrique se vio obligado a exilarse. En la segunda – Sei eu, donas, que deitad’é d’aquí -, D. Gonçal’Eanes  alude precisamente a ese exilio de D. Enrique. En seguida, la amiga, con lágrimas en los ojos, procura obtener el perdón para el Infante derrotado. Los motivos que llevaron D. Gonçal’Eanes a  componer  estas dos cantigas son difíciles de descubrir totalmente, pues nos faltan dados específicos sobre las relaciones personales de sus personajes en la corte alfonsí. De hecho, no sabemos si la larga y sibilina cantiga de escarnio que el rey Alfonso X le dedicó  - en ella le acusa de juego duplo [dos espadas > ’agudas e amoadas’], es el verdadero motivo o respuesta de dicha cantiga. De cualquier forma, los dos cantares acompañan el desarrollar de las intrigas político-palacianas de aquel momento. La misma Videira Lópes nos afirma: estas dos cantigas de Gonçal’Eanes son un caso único en los cancioneros (¿!). La rúbrica así se manifiesta: D. Gonçal’Eanes dedicó  estas dos cantigas a D. Enrique en nombre de la reina D. Juana, su madrasta, porque decían que era su entendedor (> amante, enamorado); las hizo en cuanto el Infante estaba en guerra en las cercanías de Morón y Lebrija contra las tropas de D. Rodrigo Alfonso, lugarteniente del rey Alfonso X. En otro comentario la rúbrica repite: Gonçal’Eanes do Vinhal dedicó estas cantigas a D. Enrique, porque decían que el Infante era entendedor de la reina D. Juana, su madrasta; esto aconteció cuando el rey Alfonso X le expulsó del reino de Castilla. Es lo que confirman tratadistas de alto coturno: en esas dos cantigas como en otras varias de Gonçal’Eanes (> 1- Por Deus, amiga, quant’eu receei; 2- O meu amigo, que me que me quer gran bem; 3- Amiga, por Deus, vos venh’ora rogar; 4- O meu amigo, queixase de mi; 5- Meu amigo é  d’aquend’ido etc),  nuestro ancestral es un verdadero gentleman.




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